Por: Columnista invitado EE

La degradación de Comey

Por Frank Bruni

El libro de James Comey se titula “A Higher Loyalty”, pero logra que lo elevado descienda, al menos en parte. Verlo promover este libro es ser testigo de su caída.

No al nivel del presidente Donald Trump: esa es una caída bastante pronunciada. Sin embargo, Comey está siendo parte del juego de Trump y siguiendo sus reglas. En ese sentido, se ha dejado vencer por el presidente.

Trump ha buscado, por accidente y de manera intencional, definir el liderazgo cuesta abajo y establecer nuevas normas de comportamiento para los candidatos políticos y funcionarios gubernamentales.

Todos buscan promoverse por cuenta propia. Ninguna táctica es demasiado sórdida ni ninguna acusación es demasiado especulativa, no si las cámaras de televisión la aprueban. Lo único mejor que estar bajo los reflectores es que haya aún más apuntando en la misma dirección.

Así es como tenemos al exdirector de una agencia federal supuestamente escrupulosa e imparcial haciendo uso de metáforas de la mafia, permitiéndose hablar de la supuesta grabación que se relaciona con orina y criticando al presidente por motivos cosméticos de manera compleja y exhaustiva al servicio de la gira de promoción de un libro. Parece ser que la formalidad de Comey da lugar a comparaciones con Michael Wolff.

Puede que su conducta no sea “ardiente ni furiosa”. En su entrevista de una hora con George Stephanopoulos en un programa especial de ABC News la noche del domingo, mantuvo una voz tenue e inalterable y comunicó tristeza más que ninguna otra cosa por la conducta de Trump en la Casa Blanca.

Sin embargo, otros aspectos de ese especial nos hablan de una historia más complicada. Para empezar, Comey no solo aceptó una entrevista única y directa con Stephanopoulos; le permitió entrar casi “hasta la cocina”.

Vemos a la esposa, algunas fotos increíbles de los hijos y los largos dedos de las manos de tamaño normal de Comey en el mismo teclado que usaba para escribir los memorandos que documentaban sus interacciones con Trump. Comey estuvo dispuesto a dar material para eso y a hacer entrevistas de seguimiento el martes en “Good Morning America” y el miércoles en “The View”, que no es el lugar donde habría esperado ver a un exdirector del FBI en el futuro próximo.

Menciono las manos porque Comey lo hace. Ese fue uno de los primeros fragmentos de su libro que se filtraron la semana pasada. Contando en retrospectiva su primer encuentro cara a cara con Trump, recuerda lo anaranjada que se veía su piel, lo inverosímil del brillo de su cabello y lo pequeñas que eran sus manos. “Más pequeñas que las mías”, escribe Comey, pero “no parecían inusualmente pequeñas”.

Atribuí eso a un pasaje breve exagerado por los medios y me sentí animado por otro material que se dio a conocer con anticipación. Comey, por ejemplo, menciona su experiencia de trabajo en dos gobiernos antes del de Trump y hace quejas sensatas sobre los miembros de cada uno de ellos. Por lo tanto, deja claro su amplio marco de referencia y su capacidad de encontrar debilidades en ambos lados del pasillo.

Sin embargo, la noche del domingo repasó las peculiaridades físicas de Trump con Stephanopoulos. ¿Qué no Comey siempre se dijo mejor que eso?

Podría haber aclarado las cosas y dicho la verdad sin una gira tan extensa ni detalles tan malintencionados. Su elección de un cambio de rumbo sugiere que hay algunos motivos que no le favorecen. Otorga a los aliados de Trump bastante material para atacarlo y ha provocado a Trump —como era de esperarse—, quien le ha lanzado sus epítetos más infantiles.

Obviamente no hay punto de comparación entre la personalidad ni la credibilidad de Comey y Trump. Creo la mayor parte, y quizá todo, de lo que Comey tiene que decir, y casi todo había que decirlo, como una respuesta a las mentiras del presidente y para revelar —afirmar sería una mejor palabra— quién y qué es Trump en realidad.

Sin embargo, ¿al sucumbir a esta fanfarronería y resentimiento no se ha puesto Comey al nivel de Trump casi como si lo desafiara? El exdirector del FBI afirma que lo que quiere es hacer énfasis en lo que un líder debería y no debería hacer, y tengo la esperanza de que ese sea el aporte a largo plazo del lanzamiento de “Higher Loyalty” y de todas las horas y kilómetros que se le han dedicado.

No obstante, ahora me avergüenzo ante este intercambio de golpes. De hecho, “Good Morning America” mostró un vistoso gráfico de las variopintas diatribas que Trump ha tuiteado sobre Comey —“Huidizo”, “Despreciable”, “Soplón y mentiroso”— mientras se le pedía a Comey que diera su opinión al respecto.

Para Trump todo es personal. Las ideas no compiten. La gente sí. Lo que está en juego es la vanidad, no la verdad. Con la forma en la que Comey ha escrito su libro, que muestra hasta el último estremecimiento de su conciencia, y la puesta en escena de sus apariciones para promoverlo, ha incitado su propia transformación de un testigo clave a un personaje en el melodrama en serie de la vida de Trump.

El espectáculo solo favorece a Trump. Si puede convencer a los electores estadounidenses de que lo que están observando tiene mucho que ver lo mismo con los egos de los actores que con lo indignante de sus actos, se habrá vacunado contra Robert Mueller y será quien dé forma a la película que se ha hecho de esto.

¿Que cómo se titula? “Querida, encogí el FBI”.

The New York Times 2018.

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2018-04-22T01:50:25-05:00

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2018-04-22T01:59:59-05:00

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