Por: Cristina de la Torre

La democracia boba

CON CARA DE JUAN MANUEL GANA Uribe, y con sello de Noemí no pierde Uribe; con cara de Noemí asoma la cabeza Pastrana, y con sello de Juan Manuel avanza Pastrana otro paso hacia el foro.

Cara o sello, destinatario final del triunfo será Uribe, listo a seguir gobernando tras bambalinas. A tal fin responden el nombramiento del muy pastranista Carlos Rodado como jefe de debate de Santos y la adhesión a la candidata conservadora de Fabio Echeverri, egregio puntal del presidente Uribe. Presentando como disciplina para perros lo que en otras latitudes es norma democrática, el prestigio del barranquillero arrastrará hacia el candidato de la U al millón de conservadores que votaron por Arias. No soy yo el primero ni el último de los conservadores —dijo— que han llegado y llegarán a este proyecto. Es verdad. Ocho años en el poder, con abundante burocracia y contratos y subsidios, con toda la iniciativa ideológica que a este gobierno le dio consistencia y perdurabilidad, no son cosa que pueda feriarse al albur de una victoria incierta.

Por su parte, siempre sinuoso, Uribito honrará su palabra de preservar la unidad conservadora dejando a sus prosélitos en libertad de votar por los más rancios principios y políticas del Presidente. Hombre de carácter, tampoco él acepta disciplina para perros. Como no sea para repetir —loro entre águilas— los vocablos puñeteros del dios, padre amantísimo y faro de sus ambiciones que fuera Uribe en estos años. Termina por declarar que Santos “tiene la capacidad de conducir a Colombia”. Y éste le hace al punto la segunda convidando a los godos a votar por él. Blanco, de gallina y frito, el pacto venía cantado, fuera cual fuera el resultado de la consulta conservadora. Cantado y montado sobre las glorias y miserias de la seguridad democrática.

Todo se presenta ahora como disyuntiva entre seguridad (a cualquier precio) y modelo “caguanero”. Y se ocultan las vergüenzas: el hecho de que Angelino Garzón, coequipero de Santos, defendiera el despeje y el diálogo de Pastrana con las Farc en el Caguán. A la par, Uribe intenta lavar la mácula que desnaturaliza su contramodelo de seguridad, cuando éste recibe duro embate del Departamento de Estado norteamericano. Escurridizo, acomodaticio, no frentero, ha dicho el Presidente que los falsos positivos obedecen a “infiltración” de narcos en la brigada de Norte de Santander. Insinúa que el Gobierno no tiene velas en ese entierro, no obstante que —según la Fiscalía— sólo en los años 2007 y 2008 estos asesinatos sumaron 608. Narcos y paras metieron mano aquí, se sabe. Como en el DAS. Pero es máscara de inocencia el querer transformar a aliados o socios en infiltrados. Organismos de justicia y de derechos humanos del más alto nivel han tenido a los falsos positivos por efecto monstruoso de una directiva del Ministerio de Defensa que ofrecía recompensas a los militares que exhibieran cadáveres de “guerrilleros”. Philip Ashton, vocero de la ONU, diagnosticó que aquí se configuraba una práctica sistemática que involucraba a 30 brigadas.

Salta a la vista el empeño de Uribe en limpiarle a Santos el camino. Y el de Noemí, versátil captadora de votos, en demostrar que no es “caguanera”, así ella escampe bajo el paraguas de Pastrana. Con cara gana, pues, Uribe. Y con sello también. La democracia boba.

 

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