Por: Armando Montenegro

La democracia cafetera

ES BIEN RARA LA LLAMADA DEMOcracia cafetera. Inmediatamente después de que se conoció la salida del anterior gerente de la Federación, se presentaron dos estupendos candidatos, formados en la organización y el negocio del café: el ex ministro Juan Camilo Restrepo, a nombre de los dos departamentos más grandes y tradicionales del país, y Hernán Román, de Nariño, en representación de los productores de los mejores granos de Colombia.

Más adelante, el Gobierno anunció que apoyaría únicamente a un tercer candidato, Luis Genaro Muñoz, del Cauca, un alto y prestigioso funcionario de la Federación. La opinión calificada se enteró, de inmediato, de que todo estaba definido: el hombre era Muñoz.

De nada valían las estupendas hojas de vida y los interesantes planteamientos que los candidatos Restrepo y Román estaban haciendo en sus visitas a las regiones cafeteras. De acuerdo con el designio del Gobierno, era inútil consultar, por medio de mecanismos democráticos, las opiniones de los cafeteros de todas las regiones de Colombia.

Los directores de los gremios de los industriales, banqueros, comerciantes, productores de caña, no son designados por el Gobierno. Son nombrados por los industriales, los banqueros, los comerciantes y los cañicultores. Al jefe de los cafeteros, en cambio, lo impone el Gobierno. Esto es tan extraño que casi nadie lo cuestiona.

Esta forma de elegir un jefe gremial es contraria a la que surgiría de un mecanismo democrático. En lugar de que los cafeteros voten directamente en las urnas, o de que sean los representantes de los departamentos cafeteros, reunidos en el Congreso Cafetero, los que escojan al gerente de la Federación, el procedimiento viene, cocinado, de arriba hacia abajo.

Con su presión el Gobierno, a pesar de los votos negativos de quienes querían que funcionara la democracia, consiguió el apoyo de varios representantes departamentales e impuso a su candidato en el seno del Comité Nacional. Este nombre, prácticamente ungido, bajará al Congreso Cafetero para que sea formalmente ratificado por la “democracia”. Los cafeteros de las regiones, en últimas, poco tendrán que ver con la escogencia del jefe de su gremio.

Para cumplir con la formalidad de nominar una terna, el Gobierno hizo que Muñoz estuviera acompañado de dos nuevos nombres, los de Juan Guillermo Ángel y Luigi Echeverri, ambos meritorios y preparados, pero que no fueron propuestos por ningún representante cafetero y que deben saber que no tienen velas en ese entierro. Los cafeteros de las regiones, reunidos en su Congreso, en la práctica recibirán la señal de que la terna es de una sola persona y, seguramente, se limitarán a proclamarlo y, claro, a aplaudir (como en el caso de otras ternas, las de los altos funcionarios de la justicia, por ejemplo, esta argucia se ha vuelto frecuente en Colombia para escamotearle la posibilidad de escoger a las personas que tienen la facultad de decidir).

Al introducir dos candidatos de relleno, se impidió que los nombres de Juan Camilo Restrepo, Hernán Román y Luis Genaro Muñoz pudieran bajar, juntos, al Congreso Cafetero, para que fuera este organismo el que escogiera. Se impidió que ellos, armados de sus planteamientos y sus hojas de vida, se disputaran los votos de los representantes de las regiones.

Es difícil no concluir que el Congreso Cafetero es un organismo decorativo.

 

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