Por: Francisco Leal Buitrago

La democracia y sus avatares

La aspiración a la Presidencia de la República está repleta de novedades, comenzando por la multitud de precandidatos, fenómeno nunca antes visto en el país. Un factor poco mencionado es haber tenido –por primera vez– dos presidentes sucesivos reelegidos. El represamiento de aspirantes durante 16 años es una de sus consecuencias. La “fila india” –vigente por muchos años– terminó en 1990 con la elección de Gaviria. Luego de aprobada la Carta del 91, la proliferación de partidos se disparó, pero una reforma posterior la limitó. Sin embargo, han permanecido buen número de ellos. La larga competencia bipartidista terminó en 2002 con la elección del candidato disidente del Partido Liberal en la primera vuelta electoral. Ahí también se acabaron las mayorías bipartidistas al sumar por primera vez menos del 50 % de los votos. Y hoy la fragilidad de los partidos sumó otro factor al crecimiento de aspirantes.

Otro hecho novedoso es la inscripción de tales aspirantes a través de firmas. Aunque ese medio ha sido frecuente en elecciones regionales y locales, no lo ha sido a nivel nacional, en particular en las presidenciales. Luego de los tempranos anuncios de precandidaturas, la competencia estimuló la búsqueda de formalización mediante firmas fuera de control –como el financiero–, pues a través de los partidos sólo pueden hacerlo a partir del primero de noviembre.

Pero el colmo de este creciente proceso de dispersión es la precandidatura de Vargas Lleras, que empezó de manera subrepticia mediante la financiación estatal en su condición de vicepresidente, a través de la publicitada construcción de obras públicas. Y para rematar su cinismo, al buscar esconder los numerosos avales dados a candidatos corruptos y criminales por su partido Cambio Radical, decidió “abandonarlo” y emprenderla por firmas.

Pero el juego sucio en la frágil, formal (más que real) y prolongada democracia representativa del país no termina acá. La marginalidad y exclusión social que acompaña a gran parte de la población, sumada al trabajo informal –“rebusque”– en alrededor de la mitad de la población económicamente activa, impiden el ejercicio de la ciudadanía, pues desconocen sus deberes y ante todo sus derechos. Esta postración social facilita la compraventa y el trasteo de votos, sin que tenga que ver con ideologías o afiliaciones partidistas. La persistente abstención electoral es una de sus consecuencias, aunque el desencanto con la política de numerosos sectores sociales la refuerza.

Al perderse progresivamente la función básica de mediación de los partidos entre la ciudadanía y un Estado políticamente débil, las individualidades han capturado la política, lo que permite cerrar el círculo vicioso acá descrito. Pero aún falta mencionar el condimento que ha sazonado esta tragedia social: la corrupción rampante, no sólo en el trasegar público –que ha penetrado todas las ramas del poder– sino también en muchas actividades privadas.

La solución a mediano plazo de este cáncer que corroe al país es buscar ampliar el ejercicio de la ciudadanía a través un trabajo electoral persistente de los numerosos políticos que aún conservan la ética en sus comportamientos. Esto, con el fin de lograr una gran coalición en la primera vuelta electoral de 2018, entre aquellos candidatos opuestos a los que se han lucrado política y económicamente con las violencias presentes en la historia nacional. Pero también frente a quienes se han subordinado al neocaudillo embaucador mediante nacionalismos radicales u oportunistas.

De esta manera, en la segunda vuelta electoral será más factible aglutinar numerosas fuerzas para lograr un gobierno sólido que permita cumplir con lo pactado con las guerrillas, culminar con éxito las negociaciones con el Eln y ante todo adelantar reformas para equilibrar el actual régimen político descompuesto. Si esto no se logra a través de medios habituales del poder público, podrá convocarse una asamblea constituyente elegida por una ciudadanía ya decantada en sus conciencias.

* Miembro de La Paz Querida.

 

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