La desglobalización está en marcha

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Jörg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, lo confirmó sin rodeos: “La globalización consistente en fabricar todo allí donde la producción es más eficiente, eso ya terminó”. El director de un grupo de expertos de Alemania, Mikko Houtari, dice: “La reputación de la confiabilidad de China está hecha jirones”. El columnista de Bloomberg Tyler Cowen advierte: “La economía global enfrenta la posibilidad de un verdadero desacoplamiento de las conexiones comerciales”. Otro columnista de Bloomberg, Andrew Browne, concluye: “China fue el mayor ganador de la globalización, lo que por supuesto significa que será el mayor perdedor en la desglobalización. Ya los encuestados en numerosos países están creando cadenas de suministro alternativas para reducir su dependencia de China, tales como cortar el 90% de dependencia estadounidense de las drogas chinas”.

En efecto, suponía la globalización que le garantizaría su estabilidad eterna el poder fabricar bienes al menor precio y con la mayor calidad, independientemente del lugar. Se suponía con gran ingenuidad que la globalización generaría beneficios mutuos equilibrados, tanto para los países ricos como para los países en desarrollo. Nada de esto ha funcionado a derechas. La globalización está alterada hoy por culpa de las fuerzas que alejaron las industrias de Nueva Inglaterra en el siglo pasado, como fueron los mayores costos laborales, más otras nuevas como la regulación ambiental y las competencias desleales con monedas devaluadas.

La globalización, con su herramienta de libre comercio, se enfiló contra países ricos como los Estados Unidos, por la vía de los asfixiantes déficits comerciales en favor de China, los cuales obligaron al presidente Donald Trump a elevar sus aranceles sobre los productos chinos, con el fin de desglobalizar el libre comercio de sus antecesores, por medio de su nuevo “comercio administrado”. Sí, los administradores se pondrán de acuerdo en cuáles serán los bienes y servicios que se comerciarán, en sus cantidades, en sus calidades, en sus precios y hasta en los árbitros para zanjar sus diferencias. Nada de acudir más a la sesgada Organización Mundial del Comercio.

La globalización, con su herramienta de libre comercio, también se enfiló contra países bobalicones como Colombia. Nadie comprende cómo de unos 39 millones de toneladas de alimentos que consumimos, unos 14 millones de toneladas se importan. Sí; importamos maíz, fríjoles, leche… alimentos todos cultivables y generadores de empleo y riqueza en el país. Nadie comprende cómo importamos textiles, confecciones, zapatos… Las exportaciones de petróleo que nos financiaban cerca del 50% de los dólares para importar esos bienes y servicios antiprogreso doméstico se acaban de desplomar 92% por culpa la baja demanda del crudo que ha ocasionado en el mundo el coronavirus.

Referencia. Consultar por Google, digitando: “Cómo el coronavirus está acelerando la desglobalización”. Publicado el 29 de febrero de 2020 por Andrew Browne.

 

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