Por: Mario Fernando Prado

La desministración del Valle

LA ESPERADA, ASPIRADA E INSPIRAda renuncia de Carlos Holguín Sardi ha dejado huérfano al Valle del Pacífico –otrora del Cauca– de un representante de esta región en el Consejo de Ministros.

El insomne Holguín Sardi jamás se durmió para ejercer como embajador de sus paisanos en los esquivos pasillos de la Casa de Nariño. Con la veteranía que le asiste, luchó por los intereses de su departamento sin los somníferos que las perversidades siempre le achacaron.

A pesar de que el “tripresidente” Uribe ha ejercido muchas veces como Alcalde de Cali ante la ceguera del invidente y la sobradez del invisible y ha estado pendiente de que exista un Valle seguro, la presencia en su cartera ministerial del pandebono y el chontaduro es más que necesaria, justa y obligatoria.

El país desconoce unas veces y otras también lo que aporta este departamento al PIB y todo cuanto le tributa al centralismo por intermedio de Buenaventura, para no recibir más que mecatos y promesas no siempre cumplidas.

Pero como esta región no practica aquello de que el que no gime no lacta, Colombia ha creído que el Valle está boyante y que en vez de recibir tiene que seguir dando.

No sé si la paisocracia cada vez más atornillada y afilada, le pueda dar un cupito al Valle y si los mismos vallunos serán lo suficientemente cojonudos como para exigir sin rodilleras.

Pero lo cierto es que de tanto ser Cenicienta, al Valle no le ha quedado nada y en esta oportunidad no puede permanecer manicruzado.

Así un Ministerio no haga verano —y menos en este invierno— el Valle se merece más representación de los altos heliotropos capitalinos, los mismos que entre otras cosas le sacan la leche y lo utilizan para los grandes negocios de los que a veces ni las migajas le quedan.

Un ministerio para el Valle: que el gran prestigitador lo saque de su cubilete. Es su obligación, repito, y su compromiso, máxime cuando tanto lo necesita en estos momentos de efervescencia y calor.

 

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