La desobediencia civil

Noticias destacadas de Opinión

En las sociedades humanas, sea cualquiera su nivel y categoría de desarrollo, siempre se están produciendo saltos, cuantitativos o cualitativos, que vienen a ser como el sismógrafo de los sacudimientos que las dinámicas humanas, sociales, políticas, económicas, culturales, de relacionamiento hacia afuera o de repliegue al interior, provocan en aquellas.

Y no de manera espontánea y sin más intervención que el prodigio de la primera ley de Newton.

No.

Otros son los vectores que le encuentra y dispone el entorno para que el asombroso salto del cuerpo social, vencidas todas las resistencias que se le oponen, se emboque por los llanos o por los rugosos terrenos del movimiento para determinar su dirección, velocidad y peso, y cuanto de en perseguir como fin superior la fuerza humana que lo convoca.

Y si ese salto deviene en desobediencia civil, como en su siglo llamó Henry David Thoreau al que hoy brinca de un territorio a otro en Europa para reclamar, desobedecer, el desmonte del “Estado de bienestar” históricamente prevaleciente en aquel continente, no es menos cierto que los botes que se dan en Chile, Ecuador, Perú, Argentina, por ahora, sean del mismo corte y naturaleza de aquellas formas de lucha por derechos inalienables arrebatados y violados a la sociedad en su conjunto y no solo a la de los “subsidiados”, pues ya se han visto, en Argentina y Chile, a los empresarios y agricultores, a sus gremios, nuestros pares de la ANDI y la SAC, pegando brincos de desobediencia por la falta de apoyo de sus gobiernos, por el alto costo de los préstamos bancarios, por la falta de gestión de mercados para su producción.

A menos que lo hayan ocultado los periódicos, la televisión, las redes sociales, pero lo cierto es que nadie ha visto en aquellas jornadas a Maduro, ni a Castro, ni a Santos, ni a Petro, comandando las protestas de los ricos de Santiago y Buenos Aires, tampoco al pajarito de Chávez trinando incesante La Internacional. Mucho menos, demostrándoles en la práctica a sus camaradas de aquestas tierras el deber internacionalista que les impone el ideario castrochavista: “ayudar a las grandes masas - industriales, agricultores, ricos - de los pueblos explotados y oprimidos del mundo”.

A contrapelo del afán desmedido y predominante en estos tiempos por falsear la verdad, en la que esta no viene a ser y a asumirse más que como la tendencia del día en las redes, es pertinente reiterar la verdad verdadera, histórica: el desmonte “pragmático” del “asistencialismo envolvente”, subsidios de sobrevivencia a la población más pobre y desvalida de Ecuador promovido por Rafael Correa y desmontado por el FMI, vía Lenin Moreno, es la causa eficiente de la desobediencia civil de la sociedad ecuatoriana, como el alza en el transporte público fue el detonante de la chilena, o en lo político la derrota de Macri en Argentina, para solo asomarnos a la punta del iceberg, pues en el fondo hay otras de mayor intensidad y potencia sísmica.

¿Por qué en Colombia, con iguales o mayores desequilibrios sociales que sus vecinos latinoamericanos, no ha dado el salto de la desobediencia civil que hoy recorre a unos y brinca a otros?

He ahí la pregunta cuya respuesta, a la vez que dejaría sin sustento la conjura castrochavista y santospetrista, daría en obligarnos a mirarnos en el espejo de nuestro coeficiente de civilidad para revaluarlo y ahí sí, saber qué y cómo hacer con nuestros derechos violados y conculcados.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.