La desplumada de Ecopetrol

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El ministro de Hacienda necesita urgente $24 billones y prefiere vender activos de la nación que recaudar impuestos de los que más tienen. En efecto, pretende vender la participación del Estado en ISA (Interconexión Eléctrica S.A.), que a su vez adquiere Ecopetrol u otros entes semipúblicos (EPM, Enel), en operaciones que entrañan riesgo moral.

En el caso de Ecopetrol, es un negocio que se hace entre yo y yo, donde el interés del Gobierno es maximizar el monto de la venta y la empresa estatal debe afrontar la correspondiente pérdida. Aparentemente se evita la privatización de ISA, pero de hecho Ecopetrol requiere vender el 8 % de su capital para financiar la compra, en un momento poco propicio para hacerlo, que se agregaría al 10 % en manos de fondos privados, la mayoría extranjeros, entre los que destacan los de origen chino. La factura final sería de $14 billones de la venta de ISA y $10 billones de impuestos, o sea recuperar las gabelas que otorgó en la reforma tributaria de 2019: el perro mordiéndose la cola.

Los negocios de Ecopetrol no han sido particularmente rentables en la historia de la empresa. Para la muestra dos botones: los enormes sobrecostos de la Refinería de Cartagena (Reficar), que causaron un deterioro patrimonial de $610.000 millones entre 2010 y 2017, y los de Bioenergy, una planta colosal construida en los Llanos para producir etanol. La inversión iba a ser de US$140 millones, pero terminó rondando los US$750 millones. La planta está en liquidación y las 14.000 hectáreas de caña, que mal que bien germinaron en el inhóspito ecosistema de los Llanos, se perdieron. Entre las dos aventuras se acumularon pérdidas por el 3,2 % del PIB. Ninguno de los responsables de estas malas decisiones ha sido condenado por la justicia.

En esta ocasión, Ecopetrol incursiona en un negocio nuevo que desconoce y, dadas sus amargas experiencias pasadas, augura otro paso en falso. El precio de su acción en Nueva York cayó 7 % con la noticia. Según su gerente, “esta decisión responde a la estrategia de Ecopetrol, con el objetivo superior de consolidarnos en el sector energético. Es un paso transformacional (sic) en la ruta de transición energética, electrificación de las economías y descarbonificación que estamos persiguiendo”. El valor total de ISA se calcula en $28 billones y el Gobierno es dueño de poco más de la mitad. Los dividendos de 2020 fueron de casi $400 millones, que en adelante serán captados por Ecopetrol, que de todas formas sale debilitada.

Lo cierto es que las necesidades del fisco son enormes. El déficit fiscal de 2020 superará el 8 % del PIB, financiado hasta ahora con deuda ($45 billones), y se proyecta ir reduciéndolo paulatinamente con recursos propios. Con el segundo pico de la pandemia que se está viviendo y con la posibilidad de un tercero ante la ausencia de vacunación masiva, los gastos derivados de conjurar la peste aumentarán considerablemente. La ventaja de cobrar impuestos contra vender las joyas de la familia para financiar gasto es que lo primero es reproducible, pero lo segundo no. Es como el heredero irresponsable que llega a liquidar los ahorros acumulados con muchos sacrificios durante varias generaciones para contar con plata de bolsillo.

Lo que recomiendan los economistas sensatos es que si se venden activos, se adquieran otros activos o se construyan obras públicas con lo recaudado, pero de ninguna manera dilapidar la plata en gasto corriente.

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