Por: José Fernando Isaza

La deuda

Una metáfora que explica la deuda de los EE.UU. y de los países desarrollados es la siguiente: de viaje por Hong Kong, un hombre de negocios va donde un sastre y le solicita que le haga un vestido. El sastre le dice que vale US$5.000 y el cliente protesta. El sastre le responde que le pague con un cheque, que no lo hará efectivo. A reglón seguido el cliente dice: en esas condiciones, hágame dos trajes.

Los acuerdos de Bretton Woods definieron que el dólar americano se emplearía como moneda de reserva, privilegio obtenido por EE.UU. como país vencedor en la Segunda Guerra Mundial. Se destronó al oro como patrón monetario, y como fuente de pago para equilibrar las balanzas cambiarias se mantuvo el principio de la convertibilidad del dólar en oro a una tasa de US$35 la onza. En 1971, unilateralmente, el gobierno de Nixon, de hecho, devaluó el dólar al quitarle la convertibilidad. En términos de oro, los países acreedores de dólares vieron reducida la deuda en más de un 50%. No sólo los países del tercer mundo han incumplido sus compromisos de deuda externa. Un país cuya moneda es reserva no se angustia por el monto de su deuda, simplemente la paga emitiendo. Si el sastre va a hacer efectivo el cheque, se le paga con otro. Esto explica por qué el mercado no reaccionó con pánico cuando las calificadoras de riesgo degradaron la deuda estadounidense: los tenedores de bonos del tesoro americano pueden estar seguros de que les van a pagar su deuda, no en oro, sino en títulos representativos de dólares.

Los países europeos se sobreendeudaron por la permisividad de la banca. Creían que la moneda común la protegía del riesgo de devaluación. En teoría, los acuerdos de la Comunidad Europea obligaban a la disciplina fiscal de sus miembros para, en esta forma, garantizar el repago de la deuda. Faltaron los mecanismos de control, ya que los acuerdos no tenían la fuerza para imponer sanciones y no eran creíbles. Grecia maquillaba sus cuentas nacionales para reducir el déficit. Los sistemas de salud y pensiones de casi todos los países europeos tienen déficits estructurales; al envejecer la población disminuye el número de empleados por jubilado, y al aumentar la esperanza de vida no sólo crece el pasivo pensional, también se disparan los costos de salud.

Para la sostenibilidad de estos gastos se plantean modificaciones en la edad de retiro y en el monto de la pensión. La explicable oposición hace difícil implementarlas.

La situación en Europa se asimila al juego de las fichas de dominó: si cae una, caen todas. Los salvamentos en Grecia se hacen para reducir el riesgo de quiebra del sistema bancario francés e italiano, que son acreedores del gobierno griego. Si la banca colapsa se lleva la economía no sólo de esos países, sino de Alemania, que es acreedor de Francia, España, Grecia e Italia. La solución pasará necesariamente por la emisión real o disfrazada de la Banca Central Europea, a pesar del “riesgo moral” que esto conlleva. No es fácil imaginarse la reconstrucción financiera de Europa sin un sistema bancario estatal, privado o mixto.

Hace unos años los países del Cono Sur americano, cuando tenían déficits fiscales del orden del 10-13%, se acompañaban de hiperinflaciones. Los déficits de Italia, Grecia y España superan el 12%, pero la inflación bordea el 3%. Como no pueden emitir, el déficit se concentra en el no pago de la deuda.

 * Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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