Por: Columnista invitado EE

La dieta universitaria

Por Sebastián F. Villamizar Santamaría

No es un secreto que las universidades públicas en el país sufren una desnutrición crónica. Lo que sí era un secreto era la dieta de las privadas, que parece más bien un festín a puerta cerrada. Un reciente informe del Observatorio de la Universidad Colombiana, conformado por un grupo de expertos en educación superior, compara el patrimonio de las instituciones de educación superior (IES) para 2018 y sus resultados son muy dicientes de quién se lleva la mejor parte.

El patrimonio de una IES se calcula por lo que le entra (los activos) y lo que debe (los pasivos). La mayoría de los activos son matrículas, pero también hay donaciones o dinero del Gobierno. Los pasivos son los salarios, los impuestos por pagar y los costos de mantenimiento de edificios en estados deplorables o de construcción de nuevas estructuras con “salones inteligentes”.

Según el informe, que utiliza reportes de la DIAN, las 144 privadas tuvieron un patrimonio casi tres veces mayor que las 29 públicas: $37 billones y $13 billones respectivamente. Pero en cada tipo de IES hay aproximadamente la misma cantidad de estudiantes (aproximadamente 1’200.000); es decir, en las públicas tiene que repartirse menos plata entre la misma gente.

La situación es mucho más dramática al verla de cerca. La Nacional es la IES pública con el mayor patrimonio, de $3,6 billones. El Externado es la privada más alta, con $3,2 billones. Aunque la diferencia no es mucha, el problema es que la Nacional debe repartir esa plata entre un poco más de 54.000 estudiantes; el Externado, entre unos 13.000. En otras palabras, un externadista tiene más de cuatro veces los recursos que alguien en la UN.

Y no es sólo que el menú sea distinto, sino que los platos, sillas y hasta los comensales son diferentes. Es decir, este problema no es solo de plata. Si pensamos también en otro tipo de recursos, la desigualdad es aún peor. Por ejemplo, si uno ve clase con hijos e hijas de ministros, presidentes de países o empresas, que van a las privadas, uno tiene más recursos inmateriales. Las redes de contactos o apoyo en estos espacios son mucho más amplias.

Por eso es tan importante pensar en balancear las cargas. Ser Pilo Paga lo hizo “hacia arriba”, es decir, llevó a personas sobresalientes sobre todo a las privadas. Pero si pensamos al revés, el efecto sería mayor: si las públicas tuvieran más recursos, no solo mejorarían la calidad de la educación sino también aumentarían el número y origen de matriculados.

Estoy seguro de que estas diferencias se mantienen si uno mira colegios y jardines. También serían parecidas si uno ve a Bogotá y “las regiones”, como le encanta a la capital decirle al resto del país. Ahí es cuando uno entiende por qué marchan los estudiantes. Si estamos en un país que garantiza la igualdad, entonces se debe empezar por hacer la mesa de la educación más equitativa.

@sebvillasanta

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2019-11-22T00:10:57-05:00

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