La dignidad de los músicos populares

Noticias destacadas de Opinión

Todavía hay gente que recuerda los días del maestro Crescencio Salcedo en Medellín, vendiendo las flautas de caña de millo que él fabricaba. Algunos que lo veían ahí, como la múcura, tirado en el suelo de la calle Junín, con sus pies descalzos, la mirada estrábica y su piel amansada por soles y lluvias, le ofrecían monedas. Él las rechazaba con dignidad, porque no se asumía como un pordiosero, sino como un músico que quería ganarse la vida con lo que sabía hacer.

En Cartagena de Indias, desde hace mucho tiempo el destino turístico más importante de la nación y declarada Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, también hace ya bastante tiempo la maestra Estefanía Caicedo murió en la absoluta miseria. Testigos de aquel momento cuentan que hubo que recurrir a una colecta de dinero entre gestores culturales y musicólogos para hacerle un funeral de caridad a la mujer que los expertos consideraron la mejor cantadora de bullerengue de todos los tiempos.

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.