La economía en el contexto internacional

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Las soluciones económicas cada vez se buscan más en imitaciones a los países desarrollados. Los organismos internacionales diagnostican y recomiendan con criterios universales que son aplicables en todos los lugares. Como las características de los países son diferentes, las mismas medidas tienen efectos distintos. Tal fue el caso de las cuarentenas. La medida que podía ser absorbida en los países desarrollados resultó traumática en los países emergentes.

La pandemia y las deficiencias estructurales que vienen de atrás ocasionaron un serio daño en América Latina, que se manifiesta en el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, el desempleo y el producto nacional. Ya se ha visto con las cifras del tercer trimestre que las caídas del producto en el año de Estados Unidos y algunos países de Europa va a ser del 3,5 % y en Corea, del 0 %, mientras que la de Colombia será del 10 %. Por lo demás, aparece con el mayor incremento del desempleo.

Mientras que las políticas convencionales funcionan en los países desarrollados que operan con ahorros sobrantes y superávits de la balanza de pagos que les permiten absorber los choques con caídas de la producción que se recuperan rápidamente, en los países con desbalances internos y externos provenientes de los déficits en cuenta corriente y bajo ahorro son inefectivas. Las economías se ven abocadas a desempleo y retrasos en la inversión. En Colombia, el déficit en cuenta corriente tiene como contraparte el desempleo, y el bajo ahorro la deja desprovista de medios para impulsar la inversión y evitar las caídas libres de producción. Al final, las economías quedan con crecimientos inferiores a los históricos, elevado desempleo, altos índices de pobreza e inequidad y reducciones de la participación del trabajo en el PIB.

Nada de esto es nuevo. La deficiencia estructural de América Latina con respecto a Asia y Europa se vio en los 30 años de globalización. La débil estructura económica ocasionada por el déficit en cuenta corriente y el bajo ahorro le significó un cuantioso retraso con respecto a Asia en crecimiento y distribución del ingreso, y de menor grado con Europa y Estados Unidos.

Las grandes crisis como el coronavirus consiguen destapar las fallas que se mantienen ocultas por temor a enfrentarlas. Así ha venido ocurriendo en América Latina. La región venía de tiempo atrás con el déficit en cuenta corriente causado por la apertura económica y con un bajo ahorro que acentúan el conflicto entre el crecimiento y la distribución del ingreso. En este sentido, la crisis del modelo económico va más allá de la pandemia.

Lo cierto es que Colombia, al igual que América Latina, son las más damnificadas porque no siguieron las políticas adecuadas para contrapesar la caída del ahorro causada por el confinamiento. En Europa se compensaron con los ahorros sobrantes que venían de atrás y la moderación de los superávits en cuenta corriente. En Asia se neutralizaron de tajo con las estructuras productivas de complejidad creciente y alta productividad del trabajo. En lo que respecta a América Latina, se vio agravada por el deterioro de la distribución del ingreso, los cuantiosos déficits en cuenta corriente y la composición comercial y sectorial.

Las fallas de la economía están en factores que han persistido durante años. La verdadera razón del mal desempeño está en la deficiencia estructural que reduce el ahorro y aumenta el déficit de la balanza de pagos. La deficiencia retrasó el proceso de desarrollo de Colombia y en general a América Latina con respecto a Estados Unidos y Europa, y sobre todo con Asia. Y solo podrá revertirse con acciones estratégicas que se aparten de las visiones convencionales de mercado.

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