La economía estancada

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La información reciente señala que la recuperación de los países desarrollados ha sido mucho mayor que la de los países de mediano y bajo desarrollo. Se confirma que Europa y Estados Unidos disponían de mejores condiciones para absorber la pandemia y en particular las cuarentenas y protocolos. En razón que operan con excesos de ahorro y superávits de balanza de pagos, están más acondicionados para asumir la contracción del ahorro del confinamiento con menos impacto sobre la producción y el empleo. La recuperación ha sido especialmente crítica en Colombia por el fracaso de la apertura de la globalización y la caída de los precios del petróleo que venían de atrás.

El país es víctima de las concepciones teóricas que claman que el ahorro, la inversión y el déficit en cuenta corriente no afectan el crecimiento económico. En efecto, las autoridades económicas han buscado el crecimiento y la recuperación en déficits en cuenta corriente financiados con crédito externo. Pero el expediente no evita la caída libre de la producción y el empleo y no impulsa la inversión y la producción. La fuerte caída de la producción y el empleo y el lento rebote solo se pueden superar con reformas estructurales del sector externo y la coordinación de la política fiscal y monetaria.

El país enfrenta una seria falla estructural ocasionada por el confinamiento del coronavirus y las deficiencias del modelo económico que vienen de atrás. La economía opera con un desbalance interno entre el producto nacional y el gasto ocasionado por el bajo ahorro y el monumental déficit en cuenta corriente, que no pueden contrarrestarse con las políticas convencionales de déficit fiscal financiado con crédito externo y baja de la tasa de interés. Por lo demás, enfrenta un grave desequilibrio externo. El aumento del endeudamiento externo aumenta el déficit en cuenta corriente que tiene como contraparte el desempleo.

Los efectos iniciales del experimento están a la vista y el primer desencantado es el Gobierno que en marzo pronosticaba que la caída del producto sería de menor orden y hasta hace poco la estimaba en 5 % para el año completo. Pues bien, la información estadística disponible hasta septiembre muestra que el producto nacional caerá en el año cerca de 10 % y el empleo algo más. La política fiscal no detuvo la caída del producto ni propició el rebote. En 2021 la recuperación de la economía será muy endeble. En síntesis, la política fiscal no evitó el desplome de la cuarentena, no indujo el rápido rebote y no logrará la reactivación de la producción en varios años.

No hay nada nuevo. Todo esto se dijo en su momento. La economía está abocada a una seria deficiencia en el ahorro y la balanza de pagos que no puede corregirse con paños de agua tibia de mercado y endeudamiento externo. A menos que el Gobierno preceda a corregir la crisis del modelo económico que viene de atrás, entrará en un estado de estancamiento, elevado desempleo y rápido deterioro de los índices de pobreza

En fin, el gasto público financiado con endeudamiento no está en capacidad de restaurar el balance interno entre el producto nacional y el gasto. El balance externo tampoco se realiza; el aumento del endeudamiento amplía el déficit en cuenta corriente y desborda el desempleo. Como se anticipó en esta columna repetidamente, la economía está expuesta a una monumental deficiencia estructural que no puede corregirse con medidas convencionales. La solución no es otra que recuperar el balance interno y el externo con un cambio de la estructura de la economía que reduzca el déficit en cuenta corriente y aplique una estricta coordinación monetaria y fiscal que permita prescindir del endeudamiento externo.

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