Por: Eduardo Sarmiento

La economía nacional va mal

Durante mucho tiempo se dio por seguro que la economía colombiana estaba blindada.

En la última semana se divulgaron cifras que contradicen a quienes sostienen que la economía tocó fondo en el primer trimestre. En el segundo trimestre la producción industrial descendió 9,5% con respecto al mismo período del año anterior y el comercio 6%. En mayo y junio la construcción, las exportaciones y las importaciones bajaron 25%. El crecimiento del crédito bancario cayó de 28% a la mitad en 8 meses. El desempleo en las trece grandes ciudades supera el 13%.

Frente a este panorama, que sería calificado de crítico en el pasado, no es fácil entender la euforia sobre el desempeño de la economía colombiana. En oportunidades anteriores mostré que los fundamentos de la economía colombiana no daban para una recuperación sostenida. La caída de las exportaciones y la disminución del crédito le significan a la economía una contracción del PIB de 4%, y como van las cosas, el déficit fiscal está muy lejos de compensarla. El producto nacional descenderá en el segundo trimestre más que en el primero y en el año completo bajará con respecto al año anterior.

Infortunadamente, el diagnóstico oficial de la economía colombiana se basa en pálpitos de cifras y comentarios de personajes que desconocen la realidad del país. En los círculos influyentes han hecho carrera toda clase de mitos. Siguiendo la moda mundial, durante mucho tiempo se dio por seguro que la economía colombiana estaba blindada por el sector bancario, que no ha sufrido los quebrantos de otros lugares. Ahora, se proclama que es una de las economías menos afectadas y que su normalización resultará de la recuperación mundial. La realidad ha resultado muy distinta.

El origen de la crisis no está en los quebrantos financieros, sino en el quiebre del orden económico internacional, que tiene el mayor impacto en el intercambio comercial. En el último año todos los países experimentaron caídas espectaculares de las exportaciones que tienden a mantenerse y propagarse.

En la actualidad las economías más golpeadas son las pequeñas y medianas altamente dependientes de las exportaciones, como Alemania y España en Europa, y Colombia, Chile y México en América Latina.

La explicación es simple. En estos países las economías han quedado expuestas a excesos de ahorro sobre la inversión que deprimen la actividad productiva, colocan la tasa de interés en cero y reducen el multiplicador de gasto público.

Al mismo tiempo, surge una restricción de la balanza de pagos que debilita aún más la política macroeconómica; la ampliación del gasto público y el déficit fiscal reducen el exceso de ahorro y aumentan la actividad productiva a cambio de incrementar el déficit en cuenta corriente y el endeudamiento, que el público se resiste a aceptarlo. Tal como se observa en Colombia, la política monetaria es ineficaz y la fiscal insuficiente.

Mal podría decirse que a la economía colombiana le ha ido bien. Luego de haber alcanzado tasas de crecimiento de 8%, se viene desacelerando desde el segundo semestre de 2007 y hasta el momento el proceso no ha parado. El desempeño en 2009 será uno de los peores de los últimos años y en 2010 se completarán las dos décadas de menor crecimiento y mayor desempleo del siglo.

Si el panorama descrito se hubiera presentado hace un tiempo, de seguro se calificaría de crítico y habría obligado a adoptar medidas drásticas.

Hoy en día el percance se arregla negando la definición de la recesión o diciendo que los indicadores son menos malos que los anteriores o los previstos. En lugar de cambiar las teorías y las políticas que dan resultados totalmente distintos a los deseados, se procede a deformar las cifras. Los esfuerzos se orientan a tapar los fracasos para mantener en pie las concepciones y organizaciones que han fracasado en forma repetida durante un cuarto de siglo.

El deterioro continuado de la economía es la consecuencia de elementos estructurales que pueden agravarse. Si no se compensa la contracción de las exportaciones y sus efectos colaterales, la recesión puede alcanzar visos sorpresivos.

No es algo que pueda remediarse con las políticas fiscales y monetarias convencionales o con la simple recuperación de la economía mundial. Es necesario acudir a visiones antagónicas, como la aplicación de aranceles selectivos, la intervención cambiaria y el alza considerable del salario mínimo, para ampliar el mercado interno y permitir que los colombianos puedan comprar los bienes que producen.

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