Por: Santiago Montenegro

La economía no ha muerto

EN ESTOS TIEMPOS DE CRISIS ECONÓmica y financiera mundial, ha habido, como era de esperar, una ola brutal de críticas a la teoría económica.

Un analista tan influyente como David Brooks, del New York Times, ha dicho que, por la presente crisis, la economía ya perdió la energía intelectual y que, de ahora en adelante, no será más que una subsección de la historia o de la filosofía moral, como lo fue en los tiempos de Adam Smith. Que será más un arte que una ciencia y que jamás podrá explicar los fenómenos con la exactitud y precisión de modelos como los de la física.

Para quienes hemos estudiado filosofía de la ciencia, una crisis como la que está enfrentando la economía no es extraña ni a esta disciplina ni a otros campos del conocimiento. La historia del conocimiento científico, incluyendo por supuesto las llamadas ciencias duras, como la física, es un proceso de avances gloriosos pero también de derrumbamientos estrepitosos de teorías que se consideraban verdades definitivas para explicar la naturaleza. Lo que sucede es que la solución de unos problemas crea inmediatamente otras preguntas y otros problemas y las nuevas teorías al tiempo que nacen se tornan obsoletas. Durante doscientos siglos la teoría de Newton se consideró la verdad definitiva sobre el comportamiento de la naturaleza hasta que emergieron la teoría de la relatividad, la física cuántica y otras teorías a las que les debemos la televisión, la radio, la internet, la robótica, el GPS. Pero al tiempo que nos han dado tantas cosas, parece increíble que muchas preguntas y problemas fundamentales que estas teorías han generado no han sido aún contestadas. Por ejemplo, el llamado Modelo Estándar ha hecho posible una teoría global de toda la materia y es, quizá, el modelo más exitoso de la historia de la ciencia. Es un marco conceptual que logró integrar las fuerzas nucleares fuertes y débiles y también las fuerzas electromagnéticas. Pero, pese a toda su capacidad explicativa de la materia, este modelo no ha sido capaz de integrar las fuerzas gravitacionales de la teoría de Einstein y los mismos físicos están de acuerdo en que es un modelo malcarado, forzado y tan burdo que, para funcionar, hay que incorporarle por lo menos 19 constantes completamente arbitrarias, que no están paradeterminadas por la teoría. Es lo que coloquialmente llamamos un machete. ¡Y este enorme machete lo introduce el modelo más exitoso de la madre de todas las ciencias! Y pensar que hay quienes argumentan que todas las ciencias, desde las biológicas, la química, hasta la psicología y las ciencias sociales, serán algún día reducibles a la física, a una ciencia que hace este tipo de cosas. Por todo esto, a los que quieren darle sepultura a la economía, que no canten aún victoria. La presente, no ha sido la primera, ni será su última crisis.

Pero saldrá adelante, se corregirán errores y aparecerán otras teorías que tendrán relevancia hasta ser destronadas por otras más adelante, después de otras crisis. Porque, como dijo Karl Popper, la verdad nunca es definitiva y el error es siempre probable. Sobre todo, porque estamos hablando de seres humanos, quienes, según ha dicho Tzvetan Todorov en su magnifico ensayo sobre la Ilustración, ni siquiera han entendido la fuerza más grande de todas, la que los desvela y los ilumina, los mueve a hacer y a deshacer todas las cosas imaginables e inimaginables: el amor. Si no hemos entendido eso que tanto nos arrastra, inquieta y decepciona, ¿cómo nos va a decepcionar también la economía?

 

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