Por: Cartas de los lectores

La educacióny un columnista

El comentario de Julio César Londoño sobre la reforma educativa (16-04-2011) es un atinado señalamiento a los cambios epidérmicos que pretenden hacer a la educación superior estatal.

El interés del capital privado no es otra cosa que el aparente altruismo de los sectores empresariales y financistas que aspiran convertir la educación pública en una mercado de ofertas, donde los más pudientes podrán alcanzar el privilegio de la educación superior, y a su vez el Estado desprenderse de una responsabilidad onerosa.

La gran masa de bachilleres en Colombia procede de los estratos más deprimidos económicamente, situación que les niega la posibilidad de acceder a una formación profesional universitaria que el Estado está en la obligación de otorgar, no como una dádiva, sino como un legítimo derecho.

A manera de ejemplo, el articulista se retrotrae cuatro décadas, cuando los colegios públicos se manejaban con rigor pedagógico y el núcleo de su misión era educar, además de instruir. Hoy sólo se gerencia la educación pública, como si ésta fuera una fábrica de egresados con título para ejercer una profesión, además de aplicarles un control de suficiencia, como si el diploma no fuera el documento fehaciente de idoneidad. Así la ley invoque la ampliación de cobertura, calidad y retención escolar, el autor del artículo no duda de las intenciones mercantilistas de la nueva reforma.

Lástima que el señor Londoño le dé zanahoria y garrote al profesor Mockus. Es admirable que “un ingenuo y tartamudo” matemático haya podido gobernar la capital de un país con semiótica y pedagogía sin máculas de corrupción y le hayan confiado una segunda administración sin cohechos ni adláteres reseñados por la justicia.

 Jairo Chaparro. Bogotá.

El expresidentey el caso AIS

Nunca en la historia de Colombia un expresidente se había rebelado en contra de las decisiones de la Fiscalía, entidad que está procesando a algunos de sus antiguos colaboradores, de los cuales varios de ellos ya tienen medida de aseguramiento. Pero lo peor de estas salidas en falso es que está defendiendo a personas que se encuentran investigadas por delitos contra la administración, convirtiéndose en cómplice. Ya el exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias afirmó que no existen garantías por parte de la Fiscalía en el caso de AIS. Tanto el expresidente como su exministro están viendo pasos de animal grande y es por ello que se encuentran desesperados, y están acudiendo a toda clase de “argumentos” para descalificar las investigaciones que en su contra viene realizando la Fiscalía. A ambos les ha faltado prudencia, y en vez de estar objetando sus decisiones, deberían acatarlas sin reparos.

 César Cárdenas. Bogotá.

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