Por: Salomón Kalmanovitz

La emergente clase media

La clase media colombiana ha aumentado en sus números e ingresos en los últimos 10 años. Si en 2001 constituía el 16% de la población, en 2011 alcanzaba el 26%.

Esta es la principal conclusión de un estudio reciente del CEDE de la Universidad de los Andes, con la que el Gobierno se ha regocijado en especial. No hay duda de que un crecimiento promedio de 5% anual durante la década incidió en un aumento de los ingresos de todas las clases, aunque la definición de cada una de ellas que emplean los investigadores tiene sus problemas.

La clase media la definen como hogares en los cuales el ingreso diario por persona está entre 10 y 50 dólares. Eso significa que hogares en los que sus miembros ganen más de $19.000 diarios, dos tercios del salario mínimo, entran a la clase media. Aunque usted no lo crea, una empleada doméstica o el vendedor callejero que se asienta en una acera pueden ser parte de la nueva clase media colombiana.

Otra definición novedosa de clase social es la que llaman “vulnerable”, definida como aquella que devenga entre la línea de pobreza (US$4 diarios por persona) y los US$10 y que puede recaer en la pobreza frente a un choque global, como una recesión, la pérdida de un empleo, la inundación o el deslizamiento de un barrio. Esta clase ha aumentado su participación en el total, de 32% en 2002 a 37% en 2011.

El desarrollo económico del país ha sido jalonado por las exportaciones de su minería, lo que ha producido una prolongada y profunda revaluación de su moneda. Para rematar, la política monetaria expansiva de Estados Unidos ha debilitado el dólar, lo que equivale a un fortalecimiento adicional del peso. Una moneda fuerte significa, sin duda, un aumento del poder adquisitivo de sus habitantes, pero referido en especial a los bienes llamados transables y que incluyen las importaciones. De esta manera, ha aumentado el acceso de muchas más personas a electrodomésticos, celulares, bicicletas, motos y autos; en menor medida, a alimentos que siguen sometidos a aranceles altos, pero que entran a raudales por contrabando de nuestros vecinos.

Ese peso fuerte ha sido causante también de la desindustrialización y el escaso desarrollo de la agricultura, contribuyendo a la informalidad. La minería es muy intensiva en capital y provee pocos empleos, mientras que industria y agricultura son más intensivos en trabajo y poco han prosperado con este tipo de desarrollo, que sí ha impulsado los servicios (financieros, personales y de gobierno). Todo lo anterior contribuyó a la baja relativa del desempleo.

La clase media puede disminuirse radicalmente, según esta definición, si el petróleo y el carbón siguen bajando de precio en el mercado internacional y llega el día en que la Reserva Federal de los Estados Unidos normalice su política monetaria, terminando por debilitar al peso colombiano.

Los autores presentan otros indicadores de privaciones entre las clases que son interesantes: 66% de los miembros de la clase media tienen un empleo informal, mientras que 90% de los vulnerables y 95% de los pobres están en la informalidad. Carencias similares se observan con respecto a la educación y el rezago escolar.

Aunque el título de la investigación informa que se trató de una década ganada, la conclusión es bastante pesimista: “en general 71% de la población está... en condición de pobreza o con una alta probabilidad de caer en la pobreza”.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Salomón Kalmanovitz

El desvanecimiento de la clase media

La batalla de los tiempos

¿Quién los está matando?

Un balance preliminar

El futuro cercano