La encrucijada financiera

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La exposición de motivos del estado de emergencia que estableció la cuarentena del coronavirus no analizó ni evaluó las implicaciones económicas. No se advierte que las disposiciones no son consistentes con la concepción de fundamentalismo de mercado que inspiro la reglamentación del Banco de la República, en que el crédito queda a discrecionalidad de los bancos y el Gobierno tiene acceso restringido a los recursos de emisión.

El sistema monetario se concibió para un mundo de exceso de ahorro en el sector privado. El ahorro es igual a la inversión más las transferencias al sector fiscal por conducto del déficit. El ahorro sobrante del sector privado se traslada al sector público mediante la colocación del TES en el público.

Las condiciones se modificaron drásticamente por la cuarentena que disparó el déficit fiscal por las transferencias a los sectores más vulnerables y los gastos en salud. El déficit fiscal pasó de 2.5% del PIB a 6%. Por lo demás, las empresas se han visto abocadase una contracción de la caja por la reducción de las ventas y el sostenimiento de las nóminas. El sistema quedo expuesto a un exceso de inversión sobre el ahorro que no es fácilmente sostenible dentro de la organización del Banco de la República.

La situación es similar a la que se presentó en América Latina como consecuencia de la crisis de la deuda externa. La movilización de los recursos externos de la deuda al consumo y proyectos de baja rentabilidad ocasiono en el momento de la amortización una monumental reducción del ahorro y cuantiosos déficits en cuenta corriente que precipitaron a los países en moratorias y caídas estrepitosas del crecimiento económico.

Volvamos a Colombia. La transferencia provocó una caída del ahorro y el aumento del déficit fiscal. La economía quedó abocada a un estado de inversión más déficit fiscal por encima del ahorro. La situación se ha mantenido con un monumental déficit fiscal que llega a 6% del PIB y no se sabe cómo se financiará. La situación es insostenible porque las empresas no están dispuestas a aceptar el crédito para transformar sus deficiencias de caja en el exceso de ahorro sobre la inversión financiada con crédito. Temen que el crédito cauce la insolvencia financiera cuando tengan que cumplir con la amortización de la deuda. Por su parte, los bancos no están dispuestos a incurrir en el riesgo de empresas con estado y horizonte incierto.

El drama está en las empresas que han venido operando con una fuerte reducción de la caja. Los bancos y las empresas no están dispuestos a recibir crédito para sostener la inversión por encima del ahorro. Así, el sistema está operando con una diferencia entre el ahorro y la inversión más el déficit en cuenta corriente que provoca la caída del crecimiento, la balanza de pagos y el empleo.

A poco andar se vio que la disposición de la cuarentena provocaría una fuerte caída del producto en el presente año y ahora se advierte que tiene serias repercusiones sobre el desarrollo económico de los próximos cinco años. La economía queda abocada a un quiebre del balance entre el ahorro y la inversión que bien puede extenderse al próximo quinquenio.

La solución no puede ser ampliar los subsidios y bajar los impuestos a las grandes empresas, porque aumentaría el déficit fiscal y acentuaría los efectos inequitativos de la pandemia. Lo más urgente es actualizar la organización institucional del Banco de la República. El apoyo debe limitarse a facilitar el acceso al crédito mediante líneas especiales del Banco de la República y préstamos de los bancos oficiales, precisar los recursos de emisión y agilizar el regreso de las empresas a la actividad con precauciones. 

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