Por: Lorenzo Madrigal

La enfermedad andina

LA REFLEXIÓN DEL EX PRESIDENTE Andrés Pastrana sobre la epidemia de lo que él llama “mandatos personalistas”, Juan Gabriel Uribe en El Nuevo Siglo “monocracias” (y este servidor, con perdón, “autocracias” o simplemente dictaduras), hace pensar en los contagios políticos de América Latina.

No son de ahora. Si bien Colombia se había distinguido como una democracia seria y arraigada, más que en otras naciones de Latinoamérica, cayó hacia los años cincuenta en la moda de las dictaduras, cuando coincidieron Juan Domingo Perón en Argentina, Marcos Pérez Jiménez en Venezuela y Gustavo Rojas Pinilla en Colombia.

“Tres Reyes Vagos” los llamaría Campitos, el célebre comediante, de enorme parecido físico con el dictador colombiano, al que representaba sin maquillaje alguno. Le bastaba con ponerse una gorra militar.

Dictaduras que fueron cayendo simultáneamente. ¿Dejas el poder?, simulaba Campitos que uno le decía al otro. “Así lo quiere Dios”, respondía el otro, para jugar con la palabra “asilo”, que era común en el momento de retirarse del mando el respectivo autócrata. Todos saltaban el umbral de alguna embajada, haciendo uso de esa noble institución jurídica que pone a salvo a los reos políticos de una justicia politizada.

Regresó entonces la democracia, que en Colombia, como digo, era el sistema arraigado: cuatro años en el poder, elecciones libres, controles estatales interdisciplinarios, prensa inquisidora. Llegó Alberto Lleras al poder, mientras Arturo Frondizi ocupaba el solio de San Martín en Argentina.

Lleras y Frondizi tenían sus similitudes, aun físicas: frente despejada, cabello en retirada, gafas de carey. Como luego Arosemena, de Ecuador, vehemente y etílico, quien alcanzó a coincidir con Guillermo León Valencia de Colombia, igualmente bigotudo, heroico y novelesco.

Las semejanzas reflejan, pues, el contagio de esta América, ahora mucho más intercomunicada y globalizada. No es extraño, por lo tanto, sin que sea deseable, que el populista sistema venezolano, que le ha permitido a un solo hombre la permanencia de diez años en el poder, se implante ahora en Colombia, todo con visos legales, de manera modosa y con apariencia constitucional.

Es evidente que aquí, como en el país vecino o como ocurrió en el Perú de Fujimori, hoy en desgracia, el poder central atrae y subsume a los demás órganos públicos de control y no solamente de control político, sino judicial y administrativo.

La voz de Pastrana, unida a la de otros ex presidentes, a la de importantes jerarcas de la Iglesia , a la de los medios de comunicación, está llamando a somatén, como quien dice repicando, ante el peligro inminente de ver perdidas las tradiciones republicanas.

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