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hace 58 mins
Por: Eduardo Sarmiento

La equidad no avanza

En la última semana aparecieron cifras que muestran que el coeficiente de Gini de la distribución del ingreso aumentó en el último año a 0,52. El país se mantiene en el grupo de siete naciones con las peores distribuciones de ingreso del planeta. En los últimos días también tuve la oportunidad de participar en diferentes universidades en foros y debates sobre las causas y las soluciones a la distribución del ingreso.

Los debates reafirmaron mi convencimiento, planteado en diferentes libros y columnas, de que el pésimo desempeño en la distribución del ingreso obedece a teorías económicas equivocadas y a la resistencia a modificar el modelo de libre mercado. La distribución inequitativa del ingreso se atribuye a factores desconocidos e inciertos que se originan fuera de la economía y no tienen relación con el modelo imperante. No obstante que la globalización y la amplia liberación de los mercados antecedió y coincidió con el retroceso de la equidad en los últimos treinta años, se pretende eximirlas de responsabilidad. 

En la información más detallada se observa que la inequidad se origina por el mercado y las grandes rentas que dan excesivas ganancias al capital y los altos círculos del poder, el elevado desempleo e informalidad, que excluyen a una parte considerable de la población, y la presencia de distorsiones macroeconómicas de diversa naturaleza que colocan el salario por debajo de la productividad y amplían la brecha con los países desarrollados.

Para completar el gobierno ha hecho muy poco para compensar las deficiencias y desperfectos descritos. El sistema fiscal, que es el instrumento por excelencia de la equidad, reproduce muchas de las inequidades de la distribución individual de la economía. El sistema tributario es altamente regresivo, y el gasto social solo llega en 15 % de los ingresos tributarios al 40 % más pobre. El estado más crítico es el de la seguridad social en donde los beneficios de la enorme erogación fiscal se quedan en el capital y los grupos de altos ingresos.

En las teorías neoclásicas de alta sustitución se considera que el crecimiento y la distribución del ingreso son independientes. No es cierto. No será fácil avanzar mientras no se reconozcan la existencia de un abierto conflicto entre los dos propósitos. Las fórmulas comunes para reducir la inequidad disminuyen el ahorro y el crecimiento económico. Los estímulos de mercado para impulsar la producción bajan el salario y deterioran la distribución del ingreso. El gran desafío es construir una nueva teoría que concilie el crecimiento y la equidad. El primer paso es un modelo que remueva las distorsiones que causan el deterioro de la distribución del ingreso en sus raíces. Hay que elevar el ahorro, conformar un banco central altamente coordinado con la política fiscal y cambiaria, modificar la estructura de importaciones y exportaciones hacia actividades de mayor productividad del trabajo y complejidad y sustituir la minería por la industria. 

Las soluciones a la distribución del ingreso requieren tres elementos centrales. Primero, una teoría que reconozca el abierto conflicto entre la equidad y la estructura económica causada por el mercado. Segundo, un nuevo modelo que actúe en la raíz sobre los factores económicos que afectan negativamente la distribución del ingreso. Adicionalmente, se requiere una política de transferencias fiscales que garantice una participación de los grupos menos favorecidos en los ingresos tributarios igual al de la población, lo que enfrenta serios obstáculos económicos e institucionales en los países en desarrollo.

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