Por: Danilo Arbilla

La Europa de siempre

Paris. No importa si el gato es negro o blanco, lo que importa es que cace los ratones. En lo que hace a los gobiernos europeos lo que importa es que cace a los inmigrantes”.

En esta materia no hay diferencias entre gobiernos de izquierda o derecha, ni del este u oeste, norte o sur; los ministros del Interior de los Veintisiete aprobaron por unanimidad el pacto sobre inmigración, presentado por el gobierno francés de Nicolás Sarkozy.

El derechista presidente galo que asumió este mes la presidencia del Consejo de la Unión Europea, se ha impuesto dos objetivos concretos y fundamentales. Uno, expulsar, desterrar o echar – los europeos siempre tan respetuosos de los derechos humanos hablan de “distanciamiento”- a los inmigrantes ilegales y establecer barreras prácticamente infranqueables, en los hechos más que cualquier muro real, para el ingreso de extranjeros, salvo que sean “ escogidos”, ”seleccionados”, en función de sus capacidades y preparación y con el especifico fin de satisfacer las necesidades del mercado europeo.

El otro propósito es acentuar el proteccionismo y específicamente fortalecer la política de subsidios al sector agrícola. Este último tema se le puede complicar, pero respecto al primero el presidente Sarkozy prácticamente ya logro su objetivo con la aprobación del Acuerdo a nivel ministerial el que deberá ser ratificado por el Consejo en su reunión de octubre.

El pacto recoge lo sustancial de la propuesta francesa con algunas modificaciones semánticas – meramente demagógicas y cosméticas propuestas por el gobierno socialista de España, que trata de disimularlo, pero está encantado con lo resuelto. En ese sentido el conservador y derechista premier italiano Silvio Berlusconi, quien considera que los inmigrantes ilegales son delincuentes a los que hay que meter presos, fue mucho más sincero: el gobierno italiano califico al documento con un “optimo”.

El acuerdo es muy concreto en dos aspectos y lo demás es pura cháchara demagógica. 1) La expulsión de los ilegales sin más ni más. 2) Mayores barreras para la inmigración. No más regularizaciones generales y análisis caso por caso y criterios selectivos en función del “aporte” de los postulantes y las necesidades del mercado laboral de los países europeos y siempre cuidando no eludir restricciones mayores o especiales que rijan en otros países miembros.

El pacto apuesta por “atraer inmigrantes cualificados”, dijo el Ministro español de Interior Alfredo Pérez Rubalcaba. Este también estuvo muy de acuerdo con las limitaciones o condicionantes establecidas para la integración de las familias,- lo que será imposible si al gobierno en cuestión no le interesa -y por supuesto en total acuerdo con la expulsión de los que entran ilegalmente, como una “advertencia” a las mafias (?) de que esa no es la vía de entrada a la UE.

Es un pacto que, por otra parte, refleja lo que ha sido Europa a lo largo de la historia. Tratan de vestirlo y hablan, por ejemplo, de sanciones a los empresarios que “exploten” a los ilegales, cuando en realidad lo que harán es multar a los que amparen o protejan a los trabajadores extranjeros sin papeles. En buen romance lo que les dicen es que no tienen que emplearlos y que deben denunciarlos para que sean expulsados.

Si no fuera tan insultantemente hipócrita, resultaría hasta cómica una condición que pone para aquellos privilegiados que sean escogidos o seleccionados para trabajar en Europa, en el sentido de que deberán respetar los valores de la UE, como los derechos humanos, la libertad de expresión, la igualdad entre hombres y mujeres.

La verdad es que los europeos en general a lo largo de la historia y sin ir muy lejos durante todo el siglo pasado, no han logrado mayores credenciales para hablar y menos dictar cátedra sobre respeto a los derechos e igualdades humanas. NI tampoco los están consiguiendo en estos últimos días.

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