Por: Antonio Casale

La ex de mi amigo

Tengo el caso cercano de un amigo al que su esposa lo dejó hace un par de años. El tipo es juicioso, trabajador, buen partner, detallista, padre responsable, todo lo que una mujer soñaría como su media naranja, pero su adicción por jugar golf los sábados en la mañana, que no es otra cosa que el deseo de tener su propio espacio, le abrió la posibilidad a la señora para disfrutar en las mañanas sabatinas de los placeres de la cama con otro hombre, obligando a mi amigo a renunciar a su matrimonio.

Por supuesto, el interinato del amante no duró más que dos partidos y la mujer se quedó sola por un buen tiempo. Dicen sus amigas que quería para su vida a alguien que fuera tan bueno como su exmarido pero que no jugara golf los sábados.

Algo parecido le pasó a Pékerman. Lo obligaron a renunciar. Ahora el lío es encontrar uno igual de bueno en cuanto a resultados, que mantenga blindados a los jugadores de influencias externas, que logre que sus futbolistas se maten en la cancha por él, pero que además se encargue de controlar las divisiones menores, que se deje gobernar dócilmente por sus jefes, que sea amigo de los periodistas que pueden hacerle placentera su estadía en el cargo solamente en caso de que los tenga cerca, que sea un bacán con los técnicos de los clubes para dejar un legado entre ellos. Un kit tan completo como utópico.

Mientras tanto se pierde tiempo valioso en la preparación de la Copa América del otro año. Es cierto que la Federación no tenía plan A ni B ni C ni D, como lo dijo su presidente en la romántica rueda de prensa en la que anunció que el profe Pékerman por fin había renunciado, para su satisfacción y la de algunos pocos colombianos más. Pero no hay plan no porque no quisiera sino porque es realmente difícil encontrar a alguien que reúna esos requisitos.

No nos digamos mentiras: Pékerman aceptó venir a Colombia no por la infraestructura que le presentaron, razón por la cual declinaron el ofrecimiento en su momento tipos como Marcelo Bielsa. José dio el sí porque la orden del presidente Santos, cuando ya le tenía pisada la cola a Luis Bedoya, entonces presidente de la Federación, era facilitarle todo lo que exigiera y significara liberar a la selección de los viejos vicios que están a punto de volverse a enquistar en el interior de un bien de interés público como lo es el equipo de todos. Además, la cercanía del argentino con nuestro país hizo que el factor sentimental fuera determinante. No solamente porque jugó aquí sino por sus hijas colombianas y la buena onda que le produce Colombia. Tenía defectos, como todos los humanos, pero el tiempo demostró que no había nadie tan completo como él.

Por cierto, la exesposa de mi amigo está saliendo con un tipo 30 años mayor que ella, que tiene tres hijos adolescentes y serios problemas de dinero. Es un tipazo, eso lo reconoce hasta mi amigo, pero es claro que la señora terminó encontrando un kit más incompleto que el que tenía antes. No sea que a la selección le pase lo mismo.

 

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