Por: Aura Lucía Mera

La excusa perfecta

No voy a remover el tema del Cauca. Ya periodistas calificados lo han hecho con valor.

Alfredo Molano, quien en su columna del domingo pasado, El nudo de la guerra, termina afirmando que “Santos puede ceder al chantaje de la mano negra y ensangrentar al Cauca, o entender que la rebelión indígena da oportunidad para que los cabildos medien entre el Ejército y la guerrilla. No dudo que este sea el principal objetivo de los indios del Cauca. Las cosas se desamarran por donde se amarran: por Cauca, el nudo de la guerra”.

Ramiro Bejarano, quien pregunta “¿por qué sólo reventó ahora esa tensa situación? ¿Quien más está moviendo los hilos de este conflicto? ¿Y qué tiene que ver la tenebrosa ultraderecha con esta emergencia? Ha sido ostensible el ambiente de fiesta que se respira en las toldas de ese uribismo vengativo con la movilización indígena, pasándole cuentas de cobro al gobierno...”.

Lisandro Duque refiriéndose a las opiniones azul de metileno de Paloma Valencia, a quien “se le salió esta semana por Hora Veinte la expresión ‘colombianos normales’ al referirse a quienes no forman parte de las comunidades indígenas”. Un texto en internet que afirmaba “Los del Cauca deben respetar nuestras FF. MM. igual que lo hacen otros indígenas que representan nuestro pasado”.

Personalmente, estoy de parte de los indígenas del Cauca. No comparto los empujones que les dieron a los soldados, ni los palazos. Pero nunca las primeras páginas de ningún periódico han publicado la foto de un indígena llorando sobre el cadáver de un hijo víctima de los excesos de la tropa. Que un soldado llore me parece normal. Son muchachos que están empezando la vida. Pero era su deber no reaccionar con violencia.

Creo que en este país, desde que llegaron los piratas disfrazados de señoritos a apoderarse de nuestro continente, los indígenas no han tenido un segundo de reposo. Los que no murieron, fueron aniquilados por enfermedades, y los pocos resguardos, me refiero a los asentados en el Cauca, han sido objeto de todos los atropellos por parte de los “blancos caucanos” para desposeerlos de sus tierras ancestrales. Lo que no me explico, y admiro desde el fondo de mi alma, es cómo han hecho estas comunidades para sobrevivir en medio de todos los torbellinos.

Que siembran coca. Por supuesto. Pero ni son traficantes ni traquetos. La siembran para poder vivir. Porque el Estado los ha abandonado, les ha mentido. Que algunos mamados de tanto abandono se hayan alistado en las filas de las Farc, también es muy lógico. Otros pertenecen al Ejército colombiano. Igual de respetable.

Lo que me parece inaceptable es que la oscura mano negra aproveche esta coyuntura para polarizar más al país y encender la chispa que viene tratando de activar desde que el presidente Santos llegó al poder.

Siento un especial afecto por el Cauca. Desde pequeña, Popayán, Caloto, Miranda, Toribío, Piendamó, han estado en mi impronta. Respeto las comunidades indígenas y creo que llegó el momento de dialogar y cumplirles lo que siempre han pedido: paz, inversión, dignidad. El gobierno central tiene la palabra.

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