La fachada del Museo Nacional

Caminando distraídamente por la séptima, a la altura del Museo Nacional, una escena llamó mi atención: la fachada principal del museo estaba cubierta de andamios.

Obreros que ostentaban en sus espaldas el nombre del Ministerio de Cultura golpeaban fuertemente los ladrillos del muro. Sorprendido por los golpes y por el escombro acumulado en el piso, me acerqué a preguntar de qué se trataba este asunto. Pues bien, el Ministerio de Cultura está llevando a cabo “obras de restauración de la fachada del Museo Nacional de Colombia”. Los trabajadores destruyen los ladrillos que alguien previamente determinó como “inservibles” y eliminan el mortero que hay entre unos y otros. Uno se pregunta: ¿están tan malos los ladrillos como para quitarlos y reemplazarlos por otros? ¿Quién y cómo determinó cuáles y cuántos? ¿Quiénes son los especialistas y con qué instrumentos miden el supuesto deterioro? ¿No exige un bien de interés cultural como lo es el Museo Nacional una acción más respetuosa de conservación?

Estos y otros interrogantes cobran relevancia si se piensa en que hace tan sólo cuatro años esta misma fachada era objeto de otra contratación. El trabajo realizado en ese momento, que consistió en un “lavado” de las superficies, causó graves daños a las fachadas, según lo atestigua la Facultad de Estudios del Patrimonio de la Universidad Externado de Colombia cuando dice que “…la afectación que sufrió la fachada como resultado de esta limpieza y que la llevó al estado en que se encuentra actualmente, es irreversible…”, en carta dirigida a la directora de Patrimonio del Ministerio de Cultura el 12 de octubre de 2005.

Pero después de esta lamentable acción, el Ministerio de Cultura suscribió un convenio con la Pontificia Universidad Javeriana para realizar estudios y “obtener así un conocimiento suficiente del estado de conservación de la fachada principal del museo, la cual presenta un avanzado proceso de deterioro debido a la acción directa del medio ambiente…”, según rezan los pliegos de la licitación N° 5 de 2008. Esta relación de causalidad, además de imprecisa, no da cuenta del deterioro causado en la fachada por el lavado mencionado y menos parece responder a un estudio académico de rigor.

Volviendo a la inquietud callejera inicial, la fuerza que los obreros debían realizar para destruir los ladrillos hace dudar de la necesidad de una acción tan drástica. Al momento de escribir estas palabras la “piel” del museo ha sido sustituida y el Estado ha invertido en ello más de $1.300 millones, sin contar lo que costó el mencionado “lavado” (29 millones) y lo que pudo haber valido el “estudio” realizado después de los daños de 2005. ¿Cómo se justifican estas inversiones? Esperemos que el Ministerio de Cultura haga un examen de conciencia y estudie con mayor rigor la calidad de sus acciones sobre el patrimonio inmueble que a todos nos atañe. Porque la fachada del Museo Nacional no ha sido restaurada: ha sido sustituida.

Antonio Ladrilleros Perdomo. Bogotá.

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