La fantasía laicista

En los días anteriores El Espectador se ha perfilado como una tribuna crítica de la catolicidad invadiendo la política. Sus notas editoriales, la nota sobre la Orden de Malta, las columnas de Rodolfo Arango, Juan Gabriel Vásquez y Ricardo Bada, entre otros, han procurado explicar la renovada acometida política de la Iglesia Católica en Colombia.

Sin embargo, buena parte de las críticas terminan en un cuestionable “no se sabe por qué”. No se sabe por qué los presidentes de la Corte y la República se inclinan ante un altar católico; no se sabe por qué Íngrid se derrama en prosa ante la cerámica de Lourdes; no se sabe por qué el difunto López Trujillo influyó en forma nefasta contra la prevención de enfermedades sexuales; no se sabe por qué  Rubiano dirime conflictos políticos.

Yo no presumo saber por qué. Sólo propongo una hipótesis explicativa consistente en que: estos “contrasentidos” de la iglesia católica actuando sobre la vida civil, desconocen que esa iglesia es por excelencia un movimiento político desde su matrimonio con Constantino en el siglo IV DC. Y que, como tal, fue y es un grupo organizado que piensa, hace y ejerce la política por fuera de la tradición antropológica religiosa que, con Durkheim a la cabeza, ha precisado que las religiones no sólo establecen heterogeneidad entre lo “profano” y lo “sagrado” sino que, por excelencia, subordinan lo primero a lo segundo.

De ser aceptada mi hipótesis, se podría entender la inutilidad de que los críticos de la politicidad católica se refugien en llamar al “laicismo” como presunta fuente de solución, navegando en medio de una tormenta liderada por un fortísimo aparato de poder político que impera desde el Estado Vaticano. Si los “laicistas” reconocieran el papel político medular del catolicismo, sabrían que con esa religión no es posible pensar en algún tipo de separación Iglesia–Estado y que, por tanto, el laicismo perecería por sustracción de materia.

Zafándose de la trampa laicista, los críticos de la politicidad católica podrían emprender mejores caminos analíticos consistentes, por ejemplo, en: a) comprometer al Vaticano en responder políticamente por lo que hace políticamente; b) comprometer al Vaticano en aceptarse como un imperio económicamente sólido ajeno a cualquier alianza con los pobres; c) comprometer al Vaticano en explicar por qué patrocina mediante sus Obispados Castrenses, la formación ideológica de ejércitos que, como el argentino o el colombiano, han estado comprometidos en acciones violentas atroces sin par en la historia de las guerras civiles modernas; d) comprometer al Vaticano en explicar por qué sus documentos políticos papales y


episcopales contribuyen al diseño o a la crítica de políticas públicas; e) comprometer al Vaticano en explicar el por qué, cómo y para qué de sus Concordatos; f) comprometer al Vaticano a explicar cómo y para qué opera el mecano jesuítico-lasalliano-dominico en la instrucción confesional de las élites de los países católicos; g) comprometer al Vaticano en explicar cómo se articulan los votos de sus llamados “laicos” del Opus Dei y la Orden de Malta con la ejecución de su proyecto político; ó h) comprometer al Vaticano en que haciendo política, como tendría derecho de seguirla haciendo, se obligara a pagar sus costos (triunfos-derrotas electorales, desprestigio en la derrota, rendir cuentas públicamente, pagar impuestos, debatir públicamente, etc.) si quiere seguir usufructuando sus ingresos (privilegio diplomático mundial, consolidación de un capital terrateniente urbano y rural sin par, usufructo de los réditos del capital financiero que mueve en la banca, etc.)

Se trataría simplemente de ¡comprometer al Vaticano con la verdad!

 Bernardo Congote Bogotá.

Sobre  la Pila

¿Por qué el Estado se empeña en imponerles a los afiliados de las EPS un sistema de pago, a todas luces traumático e improvisado, y cuáles son las razones de peso para no dejar —a elección de los afiliados— el pago mediante las cinco modalidades existentes y de comprobada eficacia: (1. Directo en los bancos, 2. Vía telefónica bancaria, 3. Directo en las páginas electrónicas de los bancos, 4. En las oficinas de las Cajas de Compensación y de las EPS, 5. ¡Hasta en los almacenes de cadena!) tal cual como lo facilita el 99% de las empresas privadas y entidades públicas?

Insistir en la aplicación forzosa del sistema es una falta de sentido común, y no reconsiderarla es caer en el menos común de los sentidos.

 A mi modo de ver y entender, el formulario Pila (Planilla Integrada de Liquidación de Aportes) atenta contra el derecho a la igualdad.

 Hay casos en los que afiliados a las EPS viven en veredas o corregimientos distantes a varias horas de la civilización, a donde ni siquiera ha llegado la televisión en blanco y negro. Sobra decir que a regiones similares todavía les faltan tres o


cuatro siglos para que llegue el computador y varios lustros para que llegue la internet. Pero, esto no es todo: según el DANE sólo el 30% de los colombianos tienen un computador, y hay quienes aseguran que de ellos el 23% no lo saben manejar.

 

 Óscar Gil. Cali.

* * *

El calvario para los que usan la planilla asistida es que tienen que llamar todos los meses para que les den un número de planilla y con este número se paga en el banco escogido por el aportante, y luego de la llamada envían un correo con los datos que ya le han dictado; esto en el mejor de los términos, pero siempre que uno llama se encuentra el teléfono ocupado por colapso del sistema y es necesario llamar durante varios días hasta que uno logra comunicarse.

Creo que el colapso del sistema se debe a la inmensa cantidad de llamadas que se realizan en forma simultánea, pero esto es sumamente sencillo de solucionar  y consiste en evitar la llamada. Simplemente envíen automáticamente al e-mail de cada aportante el número de planilla y así se evitan los problemas que ya conoce toda Colombia. El aportante  debe llamar solo cuando hay novedades o modificación de los datos.

En cuanto a los aportantes  que no tienen la posibilidad de usar Internet,se les envía un talonario con los números de planilla.

Si se le presta atención a esta sencilla solución se evita el infame calvario que tenemos que sufrir todos los que somos aportantes.

 José Guillermo Bello.  Bogotá.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lectores opinan

La cofradía del santo reproche

No entiendo por qué no entienden

Al oído de los conjueces

De igualdades y discriminaciones

De Julio Londoño sobre una columna