Por: Cartas de los lectores

La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia y las Farc

(Respuesta a la columna “Café y coca”, de Alfredo Molano, publicada el 15 de julio de 2017 en El Espectador).

El pasado 11 y 12 de julio se realizó en la ciudad de Medellín el primer foro de países productores de café, organizado por la Federación Nacional de Cafeteros.

La razón del éxito de este foro es que nunca en la larga historia del comercio internacional del café se había realizado una reunión con el objetivo de discutir de manera amplia y descarnada los principales retos que enfrentan las diversas caficulturas del mundo en las próximas décadas: El cambio climático y sus impactos sobre la productividad del cultivo, la excesiva volatilidad de los precios y el bajo porcentaje que le queda al productor del valor de la cadena global, la situación de pobreza de muchos caficultores de diversas regiones del orbe y las dificultades para garantizar la generación de relevo.

Estos retos contrastan con los estimativos hechos por analistas, que indican que la demanda mundial requerirá 200 millones de sacos adicionales en 2050, mientras que si la oferta mundial no resuelve satisfactoriamente los retos anteriores, la producción se estancará e incluso reducirá, generando una crisis de proporciones mayúsculas. Por eso el foro concluyó con una agenda de trabajo que deberá avanzar en comprender las complejas realidades de las caficulturas y la cadena global y elaborar un plan de acción y financiación para adelantar acciones que resuelvan los principales retos. La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia quedó encargada de liderar estos esfuerzos en conjunto con otras organizaciones de productores de países cafeteros.

Con este liderazgo renovado la Federación celebra sus 90 años de existencia. Una organización gremial que ha demostrado ser resiliente, es decir, capaz de adaptarse a las circunstancias cambiantes del mercado mundial, la macroeconomía y la sociedad colombiana.

Actualmente, con los recursos de la parafiscalidad que en 2016 representó el 4 % del valor de la cosecha, la Federación mantiene los programas prioritarios que las 550.000 familias caficultoras colombianas han definido en su máxima instancia de decisión democrática que es el Congreso Cafetero: Garantía de compra de la cosecha; Investigación y Desarrollo en paquetes tecnológicos más productivos, variedades resistentes a plagas, cambio climático, cosecha asistida; Asistencia técnica a los caficultores; Posicionamiento y mercadeo para el café de Colombia; y participación en proyectos de desarrollo regional en alianza con entidades territoriales y la cooperación internacional.

Con el posconflicto que se inicia con la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las Farc, se abre una oportunidad única para que las familias afectadas por el conflicto en el piedemonte de las cordilleras encuentren en el café un medio de vida y se integren a la más grande organización gremial del país. Esta esperanza contrasta con las décadas de violencia que vivieron, sometidos en algunas regiones por las Farc a cultivar coca, para nutrir sus finanzas para la guerra con recursos del narcotráfico en que participaban y sus hijos reclutados en las filas de la guerrilla sin ilusión ni futuro.

Comparar a las Farc con la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, como lo hace Alfredo Molano en su columna “Café y coca” del pasado 15 de julio, en la que concluye que este grupo ha hecho las cosas bien, creando estrategias impositivas y un mercado para defender al productor de coca de los narcotraficantes, como si las Farc no lo fueran, mientras que la Federación lo que tiene que mostrar es el despilfarro de los recursos, es algo delirante. Las Farc fueron una organización por fuera de la ley con la ideología de tomarse el poder por las armas, que cometió crímenes de lesa humanidad y que sometió a la población campesina en sus zonas de influencia a producir cultivos ilícitos. Una vez firmada la paz, los colombianos esperamos que esta página oscura de nuestra historia quede atrás.

La Federación, en sus 90 años de vida, siempre ha sido una organización apolítica y su objetivo principal ha sido velar por el bienestar de las familias caficultoras. Durante décadas reemplazó al Estado en el desarrollo rural de las zonas cafeteras construyendo tejido social a través de centros educativos y de salud, vías terciarias, vivienda y servicios públicos, obras de infraestructura comunitaria y productiva. Cuando las condiciones del mercado cambiaron, la Federación se adaptó para seguir desarrollando proyectos en beneficio de la comunidad, pero ahora a través de un modelo de alianza público-privada con el apoyo de los gobiernos nacional y territoriales. Hoy, cuando se hace evidente que el mercado libre ahondó las desigualdades en la cadena global del café, esta organización lidera una iniciativa de alcance global tendiente a buscar un compromiso de corresponsabilidad con los demás agentes de la cadena para garantizar la sostenibilidad de los productores, la mayoría de ellos familias campesinas.

Federación Nacional de Cafeteros de Colombia.

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