Por: Rafael Rivas

La feria de los seguros de vehículos

Hace 20 años, cuando Colombia tenía una inflación de 20% por año, la gente registraba un fenómeno curioso. El precio de los vehículos usados era siempre el mismo. La explicación era sencilla: la inflación aumentaba el valor de los vehículos (en 20%), pero la depreciación lo reducía, de manera que, año tras año, los precios nominales no cambiaban mucho.

Hoy en día, según Fasecolda, los precios de los vehículos usados tampoco caen. Pero como la inflación ya no es 20% por año, sino 3%, quizás deberíamos concluir que los nuevos vehículos son de tan buena calidad que ya no se deprecian.

O, alternativamente, podríamos llegar a otras conclusiones. Por ejemplo, que hay un problema serio en relación con la fijación de precios de los seguros de vehículos, en perjuicio del consumidor. Por algún motivo que no obedece a lo que recomendaría la teoría económica, en Colombia un dueño de vehículo no lo puede asegurar parcialmente. Es claro por qué las cosas no se pueden sobreasegurar: se genera un incentivo perverso. Pero no es claro por qué no se puede asegurar por un valor menor. Eso debería ser una decisión individual salvo en lo que se refiere a responsabilidad con terceros.

Pero el hecho es que en Colombia no se puede. A lo anterior se le suma que es Fasecolda, el gremio de las compañías aseguradoras, quien determina el precio al cual se deben asegurar los vehículos. Así que quizás no es tan sorprendente que, a pesar de la reducción del precio de los vehículos nuevos (fruto de la revaluación, la reducción de aranceles y el cambio técnico), los precios de los vehículos usados son estables y las primas de los seguros no caen de precio.

Esto es curioso, pues otros factores lo llevarían a uno a imaginar que los riesgos de siniestros han caído. Nos dicen las autoridades que, desde hace casi un decenio, los robos de vehículos han disminuido, en paralelo con la mejoría en la situación de seguridad. Por otra parte, con la extensión de la política de pico y placa (una política dañina, que sólo ha servido para generar una bonanza para los concesionarios), cada vehículo necesariamente transita menos. Dos días a la semana, es muy difícil estrellarlo. Y por lo tanto, uno pensaría que los riesgos de accidente de cada vehículo deben haber caído. ¿O no?

Como el valor de la prima debe ser resultado del valor al cual se asegura un bien (que no necesariamente tendría que coincidir con el valor comercial del bien) y la probabilidad de un siniestro, una persona del común no estaría siendo insensata si concluyera que los precios de los seguros de vehículos deberían haber bajado. Y no parece ser el caso. Por lo tanto, no estaría de más una conversación del señor Hernández, de la Superintendencia Financiera, con el señor Junguito, de Fasecolda. La manera como se determinan los precios de los vehículos usados, la dificultad de asegurarlos parcialmente, la probabilidad de siniestros en función del tipo de vehículo, edad y género del conductor, todos estos factores merecen un análisis detallado del gremio con las autoridades regulatorias, en un mercado que no parece estar sirviendo al consumidor de manera apropiada.

 

 

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