Por: Columnista invitado

La Feria Mundial de Fedequinas un fiasco total

Por: Gilberto Castillo.

Desde todos los ángulos que se mire, La XIII Exposición Mundial Equina, que se realizó en Hipo andes entre los días 15 y 19 de noviembre, resultó un verdadero fiasco por las improvisaciones, la mala organización, y la irresponsabilidad, pues la caída de la carpa bajo la cual se realizaba el evento, era una amenaza desde el primer día.  Cuando empezó ya mostraba fisuras y se advertía que no podría soportar las fuertes lluvias que han azotado la sabana.

Familias enteras aficionadas, entre las que se cuentan niños muy pequeños; exhibidores, comerciantes del gremio y propietarios de caballos, sobre todo, fueron los grandes afectados con este accidente que para fortuna no dejó víctimas ni humanas, ni de animales, y que tuvo en su haber más de 1.200 pesebreras para albergar igual número de ejemplares venidos de todas partes

Un poco de historia

Una exposición  como esta, se realiza anualmente, en cada en uno de los, aproximadamente, 12 países  que conforman la Federación Internacional de caballos de paso que dicho sea, es un orgullo para Colombia, porque estos países, entre los que se encuentran: Estados Unidos, el Estado de Puerto Rico, Jamaica, Republica Dominicana, Panamá, Venezuela, Ecuador  y Alemania, entre otros,  han adoptado al caballo de paso fino colombiano como suyo, en los cuatro andares:  paso fino, trocha y galope, trocha pura y trote y galope.

Se calcula, que después del fútbol, las ferias de caballos, es el segundo deporte que en el país más aficionados lleva a las graderías de los diferentes municipios y capitales medianas y grandes donde se realizan.

En Colombia existe un número incalculable de criaderos -solamente entre Tabio y Tenjo casi mil- que comprenden un amplio renglón de nuestra economía y genera miles de empleos de manera directa o indirecta. Asimismo, existen muchas escuelas de chalanería a donde van niños desde los dos años quizá, jóvenes y adultos de todas las edades y estratos, pues la afición por los caballos de esta clase, es algo innato en Colombia y la conforman familias enteras sin distingo de ninguna índole.

Sorprende, incluso, encontrar infinidad de jóvenes que, sin apoyo de nadie, de una o de otra forma, se han hecho propietarios de su propio ejemplar, lo que demuestra que es una afición que cada día crece de manera silenciosa, y que todos ellos, al convertirse en propietarios, dependen de muchas maneras de una de las veintitrés asociaciones que rige Fedequinas.

Todo el mundo perdió

Con lo ocurrido el domingo 19 de noviembre, sobre las siete de la noche, pierde todo el mundo, más aún cuando la feria no cumplió con su programa final, que era la parte más añorada por la afición, por presentarse allí los ejemplares más destacados que existen. Pierde el país, porque su imagen, en el ámbito internacional de los caballistas, se vino al suelo como ocurrió con la carpa de Hipo Andes, más aún si se tiene en cuenta que es el país que, por sus caballos le da origen a este evento. Pierden los propietarios si se tiene en cuenta que transportar un ejemplar de estos requiere de un gran esfuerzo, por los altos costos y los requisitos exigidos por la ley, más aún, si se trae de un país distinto a Colombia. Pierde la afición que, como dijimos, es de familias enteras que llegaron a comprar palcos de 10 puestos a costos superiores a los 10 millones de pesos.  Pierden los comerciantes del gremio que pagaron derechos a precios muy elevados y no pudieron hacer lo que ellos llaman el remate de feria.

Fedequinas  que recibió la responsabilidad de ser anfitriona hace cuatro años, tiene como disculpa,  el que  los propietarios de la Carpa no cumplieron el contrato, y eso pudo pasar, pero era responsabilidad suya,  no solo revisar un tendido que iba a albergar a más de 10 mil  aficionados por día, sino corregir el problema  antes de que este llegara a los riesgos que llegó, pues desde el primer día  la carpa mostró enormes deficiencias, goteras y grandes chorros de agua caían sobre las graderías.

Por lo demás, no solo hubo problemas en este aspecto. Conocí, personalmente, el de muchos aficionados que pagaron boletas en la zona VIP a $500.000 y en lugar de satisfacción encontraron un sitio que por la estrechez les impedía sentarse cómodamente; entre ellos, aficionados venezolanos que adquirieron sus boletas por internet y a la hora de ocupar supuestos, sin que les dieran solución alguna, resolvieron abandonar el recinto. Toda esta cadena de sucesos llevó a que en su versión número XIII, esta exposición mundial equina realizada en Colombia, sea la única que no pudo llegar a su final feliz.

 

 

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