Por: Olga Lucía Barona

La fiebre amarilla

Ayer quedó confirmado, por si alguien le quedaba duda, que no hay otra cosa que una más al país que la selección de Colombia.

En medio de un ambiente hostil y polarizado, la presencia del equipo nacional en el Mundial -después de tres intentos fallidos- nos contagió a todos de la fiebre amarilla.

Desde muy temprano las calles de Bogotá se llenaron de cientos de hinchas: niños, ancianos y señoras, sin importar ni clase ni raza, todos salieron orgullosos exhibiendo la camiseta de la selección. Y ni qué decir cómo lució el estadio de Belo Horizonte como más de 40 mil colombianos. Parecía que la selección estuviera jugando en el Metropolitano. Pero el momento cumbre, en el que la mayoría aguamos ojo, fue cuando sonó el himno nacional y los hinchas en Brasil cantaron a todo pulmón. No hay sensación más bonita y difícil de describir. Porque no hay duda que Mundial es Mundial, pero con Colombia presente, tiene una magia especial.

Y todo ese patriotismo a flor de piel de los hinchas, luego fue refrendado por once guerreros en la cancha que lograron después de 16 años ganar un partido para Colombia en un Mundial y anotar la no despreciable cifra de tres goles, con un gran trabajo estratégico de un hombre curtido en fútbol, como don José Pékerman, mis respetos señor.

No nos llamemos a falsos triunfalismos todavía, pero Colombia ganó, gustó y fue contundente ante un flojo rival como Grecia, que no tuvo ningún tipo de sorpresa. Ganamos y pues gocemos, claro, ni más faltaba. Pero vamos paso a paso, el jueves nos espera la difícil tarea de Costa de Marfil y el 24 de junio contra el duro Japón.

Pero que tenemos derecho a soñar con una clasificación a la segunda ronda, claro que sí. La selección y sus baluartes, nos demostraron ayer que su nivel de madurez superó aquellos fantasmas del Mundial de Estados Unidos 1994.
Por ahora, los dejo, yo también tengo fiebre amarilla.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Olga Lucía Barona

Ver a Messi campeón y no morir en el intento

Yo me voy con el Cali

Gracias Mariana

Caterine, te amo

Hola, Óscar