Por: Alberto Donadio

La fiesta

PARECE QUE LAS REVISTAS Y PERIÓdicos seguirán publicando durante los próximos cien años las fotografías de la fiesta hace un par de meses por los cien años de El Tiempo, a la cual acudieron 1.300 invitados.

Para contrarrestar este tsunami de la frivolidad hay que recordar los editoriales del brioso y agudo Eduardo Santos, director-propietario de El Tiempo entre 1912 y 1974. El doctor Santos, que adquirió El Tiempo en 1912, cuando tenía 24 años, fue uno de los colombianos eminentes del siglo XX (los descendientes de su hermano, Calibán, no tienen la culpa).

En 1914, en editorial titulado “Soberanía Nominal”, afirmó: “Nada importa que continúe flotando siempre en el territorio nacional nuestra bandera, si nuestros actos para ser válidos necesitan el pase del Gobierno yanqui”.

También en 1914 dijo sobre Rafael Núñez: “Su obra en el gobierno nos inspira profunda repugnancia. Por imponer sus concepciones, cerró los ojos a las picardías innumerables de muchos de sus amigos, implantó un régimen de corrupción y de venalidad”.

En 1919 editorializó así sobre una matanza oficial: “Creíamos al señor (Marco Fidel) Suárez, de cuya mansedumbre y buen corazón tanto se nos ha hablado, lleno de congoja por la sangre derramada, por los muertos que pesan sobre el Gobierno que llevará su nombre, y no encontramos entre las frases cínicas destinadas a encubrir la verdad, ni una palabra de dolor, ni un acento de piedad”.

En 1925, en el centenario de Núñez, sentenció: “El doctor Núñez brilló por el talento máximo, pero se abrió camino en el país por medios de corrupción; para imponerse socavó la moralidad nacional; vio con tranquilos ojos los mayores escándalos, y él, que no sentía la ambición del dinero, la satisfizo en otros cuando ello favorecía sus planes. Abrió las puertas en el país a una mentalidad reaccionaria y ultramontana, que ha entecado los espíritus y empequeñecido las almas, y que hace del más férreo dogmatismo una cadena para las inteligencias”.

En 1927 escribió: “Los Estados Unidos son imperialistas, esto es: psicológicamente imperialistas. Llevan consigo, por dentro de la bruñida coraza, como un legionario de Roma, un alma de conquistador”.

También en 1927 opinó: “Los latinoamericanos necesitan que se repudie de una vez por todas el principio de intervención, cualquiera que sea la causa que para ello se alegue. Aun la de la solicitud de los propios interesados. Que ya sabemos cómo se crea el ambiente para esa solicitud”.

Hasta 1930 el doctor Santos escribía como los Cano de El Espectador. Ese estilo se inauguró desde el primer editorial de don Fidel Cano, publicado en 1887: “No damos a las buenas y a las malas acciones unos mismos nombres. No hablamos a los dueños del poder el lenguaje de la lisonja. No tributamos aplausos a los hombres ni a sus actos sino cuando la conciencia nos lo mande”.

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