Por: Columnista invitado

¿La fiesta de las promociones?

La Filbo ha sido reconocida siempre como una celebración de la literatura y el conocimiento.

 Pero, además de ser un encuentro literario, es un centro del mercado del libro: allí se promocionan autores noveles, los ya reconocidos lanzan sus novedades y las editoriales emergentes se abren campo. Por eso, la Feria del Libro es, al menos en un plano ideal, una plaza para potenciar el movimiento económico de las editoriales. Sin embargo, y pese a las buenas intenciones, un primer vistazo al evento de este año da cuenta de una arista decepcionante: una feria que abre un espacio excesivo a las promociones y los remates.

Los primeros días de la feria, que atrae público poco a poco, fueron el retrato más fiel de ese hecho. En los pabellones 3 y 6, donde están las editoriales que promocionan ficción y no ficción, las ofertas están a la mano. En el primero hay cuatro stands de promociones; cualquier caminante verá, entre las primeras opciones, una mesa con títulos de Anagrama y Acantilado. Hay allí obras de Paul Auster, Ryszard Kapuscinski, Roberto Bolaño. Lo curioso es que, mientras que en las estanterías de costumbre se consigue un libro de estos en promedio a $30.000, aquí se pueden adquirir tres por ese mismo precio. De modo que se podría suponer que esta promoción editorial, además de presentar novedades, también consiste en sacar lo que sobra de la bodega y poner a circular títulos guardados que de otro modo no circularían. ¿Está hecha la Filbo para eso?

En otro stand, los libros de John Updike, John Irving y Leonardo Sciascia cuestan $10.000. Otros títulos más de editorial Tusquets pasan por esa misma cifra. Además, Ediciones Urano, que hasta el año pasado distribuía parte del catálogo de Tusquets (este año no aparece en su página web), tiene de costumbre una zona de precios especiales. Y en el pabellón 3 el retrato lo completan dos vitrinas que ofrecen, de forma desorganizada, volúmenes viejos e incluso en mal estado.

El pabellón 6, en cambio, es menos evidente. Tres stands de promociones, encubiertos entre las novedades, se encuentran de tanto en tanto. Estos ejemplos bastan para suponer que, si la Filbo es una feria de novedad y promoción, lo está cumpliendo a media marcha. En cierto sentido, aunque la oferta editorial varíe, existe una competencia desleal por el desequilibrio de precios que opaca las verdaderas intenciones de la feria. A esto habría que sumarle un detalle nada mínimo: Panamericana regenta un pabellón completo de promociones en todo tipo de literatura.

La Filbo, en efecto, no es por completo deficiente. El pabellón de Portugal y el encuentro con editoriales independientes y en crecimiento —como Laguna Libros, La Silueta y Rey+Naranjo— salvan la jornada. Sin embargo, es imposible no fijarse en la predominancia de Planeta —tres stands con la misma oferta de siempre— o en la muy marcada apertura al Fondo de Cultura Económica, que posee dos vitrinas de tamaño nada despreciable. ¿Habría que hablar también del pabellón que sólo ocupa Random House-Mondadori año a año? La fiesta del libro, aun así, ya comenzó.

*Juan David Torres

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado

La justicia en Colombia sufre

La importancia de investigar sobre malaria

Razones para no votar a ciegas

Una reforma urgente y necesaria

La resistencia colombiana