Por: Antonio Casale

La final bogotana, segunda parte

Continúa la fiesta del fútbol en la capital. Ha sido una semana larga. El primer acto salió como se esperaba, aunque sueño con que algún día las tribunas en los clásicos estén pintadas de azul y rojo. Eso de tener que prohibir la entrada a una de las hinchadas no es chévere. En la cancha, el partido fue luchado, dramático, con pocas ideas pero mucha táctica y concentración. Millonarios sacó una ventaja que supo administrar bien, aunque le faltó arriesgar un poquito, porque bien pudo ampliarla. Santa Fe no aprovechó la que tuvo Urrego y ya con el marcador en contra se vio mal, porque le tocó intentar coquetear con la pelota, ese enemigo íntimo que durante toda la temporada nunca le interesó salvo para lo más importante: marcar diferencias en momentos justos.

Santa Fe tiene unas horas para ingeniarse la manera de construir juego, de proponer. Estar abajo en el marcador significa tener que cambiar el libreto y salirse de su zona de confort, lo que significa dejarle el balón al rival, marcarlo muy bien, hacerle corto circuito en el departamento creativo y buscar en la pelota quieta o alguna jugada aislada la diferencia en el marcador. Los rojos claro que tienen jugadores para eso. Ómar Pérez puede ser la carta escondida para, por un lado, calmar a sus compañeros y por otro marcar los ritmos haciendo que la pelota circule entre ellos. Seguramente los de Gregorio Pérez no van a renunciar a buscar aquella falta cerca del área que tanto trabajan y que les ha aportado buenos dividendos.

Millonarios, por su parte, tiene que jugar un partido parecido al del segundo tiempo sin renunciar al ataque. Lo primero es no cometer faltas que lo comprometan. Lo segundo es dejarle la pelota al rival, pero presionar en la mitad para impedirles que armen circuitos de juego. Lo tercero es aprovechar que, a medida que pasen los minutos, Santa Fe le va a dar más espacios para que cuando los azules roben la pelota los aprovechen en velocidad.

A esta película le falta el segundo acto. La ventaja que tiene Millonarios no es definitiva, pero es ventaja al fin y al cabo. Ojalá la fiesta en las tribunas y en las calles sea igual de bonita que en el primero, sea cual sea el ganador.

 

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