La formación en medio de la crisis

Noticias destacadas de Opinión

En nuestro país y en el mundo estamos viviendo tiempos excepcionales. La crisis por la que atravesamos nos invita a pensar y repensar el modo como concebimos y hacemos las cosas, como nos relacionamos con los otros y con el mundo. La educación no es la excepción. La virtualidad y el distanciamiento social nos imponen el reto de reflexionar sobre la esencia misma del propósito formativo y sobre las mejores formas de lograr sus objetivos.

En la Universidad Nacional asumimos como nuestra principal responsabilidad la formación de ciudadanos integrales como agentes de cambio ético y cultural, con vocación de trascendencia social. Esta formación integral es posible gracias a la armonización de nuestras funciones misionales de docencia, investigación y servicio a las comunidades, tareas en las que trabajamos cotidianamente y que se enriquecen con la vida cultural de una institución donde es posible el encuentro de las más diversas formas de entender y actuar en el mundo. Las experiencias que se viven en la Universidad promueven el reconocimiento, el respeto y la comprensión de sí mismo, del otro, de la comunidad y de la naturaleza y, con ello, la construcción a partir de la diferencia y la convivencia en armonía.

En la Universidad aprenden los estudiantes, los profesores y los funcionarios administrativos; todos forman parte de la experiencia universitaria. Toda la comunidad universitaria comparte el compromiso con el conocimiento que enriquece nuestra vida individual y colectiva y al conjunto de la vida social. Mientras los campus universitarios estén cerrados por esta crisis del coronavirus, debemos explorar y apropiar nuevas formas de aprendizaje.

Es claro que en el momento actual no es posible trasladar a la virtualidad todas las experiencias universitarias y, en particular, las clases presenciales. Estamos ante un nuevo espacio de aprendizaje que demanda de toda nuestra creatividad y que, aun cuando no reemplaza lo que ocurre en los campus, sí enriquece el diálogo con un mundo global altamente conectado, a la vez que se transforma la relación entre el saber acumulado de los profesores y las experiencias de los estudiantes.

La universidad se mueve entre la tradición y el cambio. El conocimiento es producto de un cuestionamiento permanente que hace posible identificar lo valioso y conservarlo, así como criticar, transformar y crear nuevas formas de interpretar los fenómenos y los acontecimientos. Este momento demanda que profesores y estudiantes se reconozcan mutuamente como sujetos activos en la construcción de conocimiento. Sera preciso organizar los currículos para trabajar en la construcción y apropiación conceptual con anterioridad al desarrollo de algunas habilidades que requieren del trabajo práctico o de campo que hoy está suspendido y que se retomará una vez superada la emergencia sanitaria.

Ahora, cuando profesores y estudiantes están preocupados por la evaluación, es la oportunidad de adelantar un diálogo constructivo que nos lleve a distinguir entre la evaluación formativa y la asignación de una calificación numérica. El docente evalúa cuando hace seguimiento al proceso individual y colectivo de sus estudiantes, cuando hace el balance de ese mismo proceso para reorientarlo y mejorar continuamente. La calificación es una forma cuantitativa de dar razón de algunos logros de este proceso.

Hay que recordar que en cualquier escenario se requiere incentivar una construcción autónoma del estudiante con herramientas como la indagación, la lectura previa y el diálogo constructivo, que permiten a los estudiantes ser partícipes de su proceso formativo y el de sus compañeros, con el acompañamiento del docente. Ante este nuevo escenario de aprendizaje, los profesores deben asegurarse de estar generando cuestionamientos, incógnitas, incentivos para el aprendizaje y la formación.

Nuestra comunidad universitaria viene haciendo todos los esfuerzos humana y tecnológicamente posibles para ayudar a resolver las dificultades de conectividad que impiden llegar a algunos estudiantes. En la situación actual se hace aún más claro que las condiciones de contexto son determinantes para una formación exitosa. Cinco de nuestras sedes tienen problemas de conectividad que comparten con la mayoría de regiones apartadas del país. El reconocimiento de los diferentes contextos, de las dificultades que afectan el proceso educativo, asociadas al transporte, la alimentación, la vivienda y el acceso diferenciado a recursos pedagógicos y tecnológicos, nos hacen conscientes de que la formación no debe estar estimulada por la competencia y el individualismo sino por la construcción colectiva, el trabajo en equipo y la solidaridad.

Invito a las diversas comunidades educativas de nuestro país a convertir este reto que impone la crisis en una oportunidad para reflexionar sobre los problemas de la vida académica, sobre la calidad de la educación y sobre nuestra misión en la formación de jóvenes ciudadanos comprometidos con el destino de la nación. Lo que aprendamos en esta crisis será un valioso insumo para afrontar nuevos retos y construir nuevos escenarios de futuro.

*  Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUNAL

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.