Por: Hernán González Rodríguez

La formación matemática

En el libro de Lou Marinoff: "El ABC de la felicidad" se menciona el aviso que aparecía a la entrada de la academia de Platón: "No ingrese aquí quien no sepa geometría". A continuación, algunos comentarios sobre esta publicación.

Esto lo consideramos muy extraño nosotros, veinte siglos después, pero cuando se tiene en cuenta que geometría es un término griego que significa, "medición de la tierra", comprendemos que el hombre primitivo necesitó la geometría cuando abandonó las cavernas y comenzó a construir sus viviendas, sus edificios, a vestirse...

El aviso anterior parece haber sido reemplazado hoy en los colegios y en las universidades de Occidente por otro que dice: "Quien sepa geometría, no entre aquí". Marinoff sostiene que "las multitudes estadounidenses mal formados en matemáticas ya no son competitivos en los florecientes mercados intelectuales e industriales de Asia". "Deplorables son los resultados de los hijos del Tío Sam en las competencias internacionales de matemáticas".

El problema proviene de la "deconstrucción" de la cultura occidental que anidaron en las universidades de todo el mundo los franceses Lyotard y Derrida. Las matemáticas para ellos son "herramientas de la civilización occidental para mantener las jerarquías de poder, el colonialismo y el imperialismo. Por ejemplo, el poder de los blancos caucásicos sobre las demás razas o de los hombres sobre las mujeres. Definir razonar como la capacidad de pensar en forma matemática permite que ciertas personas aumenten su control sobre los demás".

"Los deconstruccionistas eliminaron la formación matemática de las aulas estadounidenses y las han sustituido por vulgares politizaciones, por materias por las cuales casi nadie paga un cheque". "Ya no se respetan ellas como uno de los mayores logros de la razón humana para investigar las realidades físicas, las consideran como prácticas dominadoras, hasta el extremo de haberlas eliminado de los planes de estudio".

Entre los Herbert Marcuse, los Noam Chomsky y la Escuela de Frankfurt -concluye nuestro autor- lavaron el cerebro de una generación entera de estudiantes occidentales, para que repitan como loros que todos los aspectos concebibles de la realidad, desde las demostraciones geométricas y los éxitos de las democracias liberales, hasta las leyes científicas, son cuentos grandilocuentes para explicar el mundo que nos rodea y para darles sentido a nuestras vidas.

Estimo que incontables colombianos, víctimas de lo anterior, no desarrollaron una mente capaz de distinguir en unas elecciones entre un candidato populista y uno de centro, prefieren el primero. Para muestra los alcaldes recientes de Bogotá.

Hablando sobre el "fin de la historia" que preconiza Fukuyama, hace votos para que estas cargas de profundidad contra la civilización occidental no inicien "otra nueva historia" de horrores políticos durante el Siglo XXI que eclipsen los del Siglo XX.

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