Por: Roberto J. Camacho

La Formalización de lo Informal

Los asuntos laborales son, especialmente en tiempo de crisis, materia de gran preocupación de los gobiernos; al nuestro al cual se le alaba y hay que reconocerle éxito en varias de sus políticas, también se le puede demandar la falta de progreso en asuntos económicos, pero en especial aquellos que tiene que ver con las posibilidades de trabajo para los colombianos.

No obstante el crecimiento económico logrado durante los primeros años del presente milenio, que nos llevó a mas que duplicar nuestro ingreso per cápita, con influencia de efectos de fenómenos como la reevaluación, al tiempo que nos dimos cuenta, según el último censo que no éramos tantos como creíamos, las cifras de desempleo y subempleo han mejorado de una forma obscenamente pobre.

Todo ello habla muy mal de nuestra capacidad para conseguir consolidar un país con equidad, si Colombia llegó a tener tasas de crecimiento, que como las de 2007, nos ubicaron muy cerca de la India y la China, paradigmas globales del desarrollo económico, esta riqueza no ha llegado a los pobres, lo cual es fácilmente inferible del comportamiento de los indicadores de desocupación.

Según el DANE, la tasa de desempleo que en mayo de 2002 estaba en el Total Nacional en el 14.5% de la fuerza laboral, a Mayo del presente año estaba en 11.7% mostrando tan solo una reducción de 2,8% en 6 años, es decir menos de medio punto al año; En cuanto al subempleo, la cifra del 2002, que se encontraba  en 48.4% ahora está en 41.9% exhibiendo una diferencia de 6.5%, lo que nos muestra que cuatro de cada 10 colombianos ocupados se encuentran inconforme con su trabajo, bien sea por ingreso, tiempo o por considerarse estar desempeñando una labor diferente para la que está capacitado.

Si la política de seguridad democrática ha pretendido además de las reducciones en las tasas de homicidio, secuestro y otros delitos, consolidar la confianza inversionista y la cohesión social, es evidente que a los logros directos de la política, le faltan los elementos de la equidad social y económica para obtener consolidar las bases de una democracia segura.

Ahora que han sido expedidos por parte del Ministerio de la Protección Social, la normatividad que permite a un empleados cotizar salud, ahorro de largo plazo y riesgos profesionales a quienes laboren por días, se abre una puerta para la inclusión en la seguridad social de aquellos que por su inestabilidad o informalidad no tenían opción diferente a la de mendigarle, Salud al régimen subsidiado y pensión a la familia; no obstante ello no resuelve aún las dificultades estructurales de nuestra economía la cual se ha negado tozudamente a permitirnos gozar de mayor bienestar laboral.

 

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