La foto de la vacuna

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Con el inicio de la vacunación llegó una nueva moda: la publicación de la foto, en redes sociales y chats de amigos, del momento en que cada uno se pone la vacuna. Hay distintas poses, ángulos y enfoques. Están los que prefieren hacer un video o a los que les gusta esconderse detrás del certificado de vacunación. “Primera dosis”, dicen unos. “¡Vacunada!”, dicen otras.

La retórica visual de estas fotos es diversa. Están los pioneros, por lo general pertenecientes al personal de la salud, que empezaron a publicar fotos por dos motivos. Primero, para ir creando conciencia de que la vacuna es necesaria y así también desestimar las teorías de complot sobre sus efectos negativos. Segundo, como una especie de manifestación de descanso; después de meses en la primera línea de servicio de los hospitales, con la angustia de contagiarse y morir cada día, recibir la vacuna era una especie de rito. Esas fotos me hicieron respirar de tranquilidad.

Después vinieron las fotos de los adultos mayores, que también daban un aire de alivio. Sabemos que fueron ellos unos de los más afectados por las complicaciones del virus. También los afectaron desproporcionadamente la ruptura de rutinas y el aislamiento. Además, se trataba de una suerte de celebración familiar: hijos y nietos descansaban del susto de que por culpa suya ellos murieran.

Pero luego la cosa se puso curiosa. Empezaron a aparecer las fotos de los jóvenes que viven por fuera o de quienes tuvieron la oportunidad de viajar a países donde la vacunación ha sido más efectiva. En seguida, llegaron los “aventajados”, a los que la gloria de su foto les duró poco: esos colados que quisieron insinuar con su imagen el tan colombiano discurso de “el vivo y el bobo”. Y, como no podían faltar, siguieron los políticos al estilo Daniel Quintero, que no desaprovechan ocasión para hacer campaña.

La etiqueta sobre la foto de la vacuna ha abierto discusiones sobre lo que la recepción de esa imagen significa en el contexto actual. Unos consideran que es inconsciente publicar fotos de la vacuna como si fuera un logro, que no lo es, mientras millones todavía no pueden acceder a ella. El periodista Miles Howard considera que estas fotos alborotan a las personas y fomentan ese miedo y ansiedad de no poder acceder a las vacunas. Para el médico canadiense Alan Drummond, la gente debe celebrar en privado en vez de “restregar la sal en las heridas” de quienes no han podido vacunarse.

Cuando los medios empezaron a especular con los pasaportes de vacunación, la gente cambió la foto de la vacuna por el certificado. Ahora el “logro” no es obtener la vacuna, sino la mejor vacuna. “Me pusieron la de Pfizer”, es lo que más se oye. Los de las otras marcas prefieren hablar de la vacuna en genérico.

Por supuesto, todo el mundo puede hacer lo que quiera con su imagen. Pero no está de más resaltar que toda esta pandemia ha sido una tragedia colectiva marcada por el sufrimiento y la muerte. Celebrar y mostrar públicamente que uno se está salvando del barco hundiéndose refleja una gran falta de empatía. La elegancia no está en viajar a Miami un fin de semana por una vacuna, sino en saber la ocasión y el contexto de su celebración.

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