La fractura ya está aquí

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Las manifestaciones en las calles contra la reforma tributaria revelan un abismo entre bloques prosistema y antisistema.

Eduardo Pizarro escribió recientemente sobre “Cómo evitar los riesgos de una fractura nacional”, haciendo un repaso de la formación de “bloques irreconciliables” en Estados Unidos, Europa y América Latina.

Respecto de Colombia subrayó “el clima de crispación especialmente negativo” y la incapacidad de “dialogar y construir una agenda nacional compartida”. Esto fue antes del paro nacional del 28 de abril.

En estos días hemos visto que el bloque antisistema está logrando una mayoría en la opinión pública. Cultural, ideológica y políticamente hay una coalición activa y movilizada que no está dispuesta a escuchar razones de lo que percibe como coalición del “establecimiento”.

Las multitudinarias protestas del 21 de noviembre de 2019 contra unas reformas pensional y laboral inexistentes fueron un campanazo de alerta inequívoco. El cacerolazo al comienzo de este gobierno sugería que se trataba de un malestar más profundo.

Sin embargo, con los estragos de la pandemia de por medio, el gobierno presentó el proyecto de reforma tributaria, con suficientes propuestas para desatar la indignación general de los colombianos (y también la rabia de los jóvenes vándalos). Un verdadero “florero de Llorente”.

Una consecuencia es que si las elecciones presidenciales fueran este domingo ganaría en primera vuelta el candidato antisistema con gran parte del voto de las clases medias. Otra, que la administración Duque se quedó sola, sin coalición de gobierno.

Los partidos que sostienen el sistema democrático-liberal y capitalista tomaron distancia del gobierno, en especial el Liberal y Cambio Radical, por razones programáticas y político-electorales del 2022. Es decir, se dividieron de un modo que no es habitual (cerca de una crisis política).

Esta división afectará la gobernabilidad en lo que resta del mandato, los resultados de esta administración y la perspectiva de la consulta interpartidista. El bloque prosistema ha quedado entrampado entre los riesgos de crisis fiscal y de crisis social.

Aunque el gobierno retiró el desdichado proyecto y concierta otro, no es seguro que encuentre la vía de la sostenibilidad fiscal. Y, en cualquier caso, con 21 millones de colombianos en condición de pobreza, no puede suspender las transferencias monetarias a la población por razones fiscales porque provocaría un estallido social.

No es un problema solamente del gobierno y del Centro Democrático. Tal vez Vargas Lleras crea que con sus columnas y cuñas radiales se aisló o protegió del problema, e igual Fajardo al pedir que retiren la tributaria. La realidad es que el bloque antisistema no tiene límites fiscales y siempre ofrecerá más (empezando por la renta básica universal).

Así que la suerte del gobierno Duque será, en buena medida, la suerte del bloque prosistema. Del otro lado —con el antiuribismo en las venas— no distinguen entre CD, Conservador, Liberal, de la U, Cambio Radical. Todos son las “mafias corruptas” aliadas de los ricos a las que hay que arrasar o acabar.

Y cada día la diferencia que separa a los “bloques irreconciliables” se parece más a un abismo. En los paros no importan las soluciones, sino el rechazo a la espera del poder.

Eduardo Pizarro también anotó que “no es forzoso que una sociedad que presenta síntomas de fractura se resquebraje”. En Colombia, el primer paso es evitar que el gobierno cometa más errores del calibre de la tributaria (y eso en un país presidencialista es bastante difícil), que nos conducen a resquebrajarnos en las urnas.

@DanielMeraV

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