Por: Cecilia Orozco Tascón

La frase coprológica que no puedo olvidar

Aun cuando ocurrió hace unos 15 años, recuerdo con nitidez el incidente. Conversábamos con Enrique Santos Calderón, codirector de El Tiempo, en un corredor del diario. Yo ejercía, entonces, como defensora del Lector, un honroso y hermoso cargo que él y su primo Rafael me habían ofrecido y que había aceptado, encantada, porque me daba la oportunidad de revisar, desde el estricto ángulo de la ética profesional, la conducta de quienes ejercemos el oficio del periodismo, visto desde el otro lado: el de las personas involucradas en las noticias que publican los medios. La famosa reportera Salud Hernández pasó por ahí y paró unos segundos, a saludar. Aproveché y le dije que tenía sobre mi escritorio más de una veintena de correos con quejas sobre la supuesta falsedad de los hechos en los que ella fundamentaba sus comentarios y que, como el marco de acción de la Defensoría de El Tiempo no incluía el examen de las columnas (solo el de las informaciones), le iba a reenviar los reclamos de sus lectores para que les diera el trámite que juzgara conveniente. No olvido su respuesta por el impacto que produjo en mí y, probablemente, en Enrique, quien aunque silencioso, puso cara de asombro. Más o menos, me contestó: bótalos a la basura o contéstales a los que te escribieron — y de esta parte sí me acuerdo con certeza— “que se metan sus reclamos por el c…”. (Me disculpo si alguien se molesta con la transcripción).

Reviví aquel penoso capítulo, ayer, cuando leí la entrevista que María Isabel Rueda le hizo a Hernández por la ligereza con que esta suelta un rosario de afirmaciones irresponsables. Me refiero solo a una: ¿de dónde saca que la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, sistema previsto en el acuerdo de paz para juzgar a quienes cometieron crímenes de guerra, “hará más difícil informar y opinar en Colombia”? De una tutela que puso contra ella el exguerrillero Jesús Santrich. Da risa: si alguien NO tiene la posibilidad de ganar un pleito, hoy, en los juzgados, es Santrich; o Márquez o Timochenko a quienes ni la nacionalidad les van a reconocer, tal como vamos. Cosa distinta sería si hubiera sido demandada, por ejemplo, por el fiscal general, porque ella o cualquier de nosotros enfrentaría el poderío personal de Martínez y el del establecimiento judicial que representa. No es el caso: Hernández tiene mil veces más poder real que Santrich, por favor.

La cronista, que es todo menos tonta, sabe que su alegato es absurdo y se desdice más adelante, con prepotencia: “creo que esa tutela se va a resolver pronto. No me preocupa”. Pero añade una gran mentira que generaría confusiones sobre todo entre los reporteros jóvenes: “el problema más adelante es la JEP porque puede que el periodismo y la justicia tomen dos caminos: el que asuma la justicia ordinaria ante la demanda de Santrich y, en el futuro, el de la JEP”. Y concluye: “No solamente las Farc sino el presidente Santos han dicho que los periodistas irán ante la JEP”. Subrayo la cita anterior porque es tan absurda que deviene en chistosa. ¿Los periodistas seremos juzgados por la JEP? ¡!!! Bueno, existe la posibilidad si alguno pasó la raya y militó o fue colaborador clandestino de los actores de la guerra, no de otra manera.

Siguiente pregunta: ¿la JEP resolverá tutelas? Solo faltaba esta gigantesca distorsión de los textos del acuerdo de paz, después de la de Vargas Lleras quien aseguró que 48 millones de personas, es decir Colombia entera, tendrá que comparecer ante los jueces por sospecha de pertenecer a las Farc. Concluyamos: lo que Hernández diga o deje de decir no tendría la menor importancia si no fuera porque posa de investigadora rigurosa del periodismo y, así, les da soporte presuntamente moral a oscuros personajes que se relamen de gusto con el retorno del conflicto. De la entrevista, un punto queda claro: a Hernández no le importa la comprobación de los sucesos sobre los que opina. Le estorba esa tarea porque, con una mínima consulta en internet, los datos en que se apoya explotarían por inexistentes o por errónea interpretación. Desde luego, con esta columna me expongo a que me repita su coprológica dosis verbal. Estoy preparada.

 

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