Por: Cristina de la Torre

La gallina de los huevitos de oro

ES VERDAD QUE EN COLOMBIA SÓLO se mete a la cárcel al ladrón de gallinas, le dijo la contralora Sandra Morelli a Yamid Amat (El Tiempo, 3-IV); en cambio para los poderosos la ley es acomodaticia, se adapta al interés particular en la contratación pública, en regalías, en transferencias para salud y educación, en licencias de exportación minera.

 

La corrupción nunca había sido tan envolvente, tan refinada como la vemos hoy, señala. El solo detrimento patrimonial de los Nule en Bogotá, apuntaría el fiscal Germán Pabón, asciende a 2 billones 236 mil millones, en “una práctica abominable que ocasiona más atraso que el mismo conflicto armado”. Robo puro y duro de los impuestos que los bogotanos pagan. Pero los Nule no serían los únicos culpables. Según Morelli, abundan los exministros y exdirectores de departamento vinculados a la investigación de estas fuerzas “capaces de arrodillar al Estado”. Por contratos viciados, adiciones y vigencias futuras se habrían perdido 65 billones en los tres últimos años. “El país venía de apretarse el cinturón… y de pronto se empezó a borrar con el codo lo escrito con la mano. (Las vigencias futuras se intensificaron) desde 2009”. Y sí, el anterior ministro de Transporte adicionó vigencias por valor de diez billones.

Nunca habían quedado tan desnudos los motores más potentes de esta calamidad: la laxitud del sistema de contratación pública, de un lado; y, del otro, la financiación de la política por empresarios y sujetos que luego se manduquean el erario gracias a los buenos oficios de sus apadrinados. Caso emblemático, AIS: quienes financiaron la campaña electoral del entonces ministro Arias fueron al parecer los grandes beneficiarios de los subsidios que su amigo diseñó. La mayor vergüenza de corrupción en el sector agrícola en toda la historia del país. Práctica abominable que el Estatuto Anticorrupción se propone erradicar, no obstante la impúdica oposición del coordinador de ponentes de la ley, aventajado prosélito que fuera de la Carta del 91 y hoy miembro de la U.

De anticipos y compensaciones y gabelas malhabidas se lucraron, como pocos, los Nule. Se investigan 14 contratos que el Distrito habría firmado sin documentos en regla y a la medida de los contratistas. Dádivas y coimas mediaron. Los Nule anunciaron pruebas de un pago que habrían hecho al propio alcalde Samuel Moreno. Se espera también que ratifiquen sus vínculos dolosos con el anterior Ministerio de Transporte. Si financiaron campañas de ocho congresistas que les habrían retribuido con favores y mediaciones en contratos públicos. Y si su apoyo al narcoparamilitarismo se contrajo a un cheque por 1.760 millones girado a la esposa de Joaquín García, fugitivo de la justicia por la masacre de Macayepo. Si tan peligrosas relaciones se extendieron a los 14 parlamentarios y exparlamentarios que la Corte investiga por intervenir en el tráfico de bienes del narcotráfico en la Dirección de Estupefacientes.

Por el caso de AIS, andan con un pie en prisión cuatro funcionarios de segundo rango que no tenían poder de decisión. ¿Se le pedirán cuentas al exministro Arias, cerebro y propulsor del estropicio? Se reviven acusaciones contra el inefable Teodolindo, y el exministro Pretelt, par del cohecho, sigue tan campante. A la vista de la suprema autoridad de Bogotá robaron los Nule cuanto quisieron; y el Alcalde tan campante, mientras sus subalternos pagan cárcel. Tan campantes los generales Montoya y González, protectores del penal militar de Tolemaida, según Semana, y que sería envidia de la Catedral de Pablo Escobar. Si la justicia no pasa de quienes cumplían órdenes, para llegar hasta los autores intelectuales y responsables políticos de la corrupción, la valiente Sandra Morelli tendría razón: una cosa es pillar al ladrón de una gallina; otra, dar con la gallina de los huevitos de oro.

 

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