Por: Rafael Orduz

La garra ausente en el Cauca

A la selección de fútbol de Uruguay se le atribuye la "garra charrúa", aludiendo a las ganas, la iniciativa, la insistencia, la capacidad de recuperación en la adversidad. En el desempeño normal de la selección colombiana solemos decir que los jugadores “no sudan la camiseta”, que no se entregan.

En la vida diaria, mujeres cabeza de hogar despliegan inmenso coraje, anónimas, para criar y educar sus hijos. Son “berracas”, luchadoras.

En la política también se requiere un inmenso coraje, si los gobernantes pretenden ejecutorias que trasciendan sus períodos de mando.

Más allá de las valoraciones de las encuestas, con el presidente Santos está ocurriendo algo que, a menos que demuestre lo contrario, es trágico para sí y el país: que se está arrugando, le falta garra y se paraliza.

El Cauca es hoy la clave. Hay dos niveles en los que Santos debería plantarse:

1. Hay una alta dosis de desinformación acerca de un problema que no es el resultado del mal desempeño de la Fuerza Pública después de agosto de 2010, supuestamente por responsabilidad del presidente. Tener el coraje de reconocer que el Cauca estaba y está lejos de la seguridad democrática, a menos que haya profundos cambios en materia de inversión social y, por ende, de legitimidad institucional, condición de éxito de la presencia de la Fuerza Pública que, además, debe mejorar la gestión militar.

En la página web del senador Salazar, conservador uribista, se lee, por ejemplo:

“Junio 2 de 2009

El senador José Darío Salazar en la Plenaria del Senado de la República del 2 de junio, alertó sobre la situación de violencia en el departamento del Cauca, la cual se ha vuelto dramática por los numerosos actos terroristas cometidos por grupos al margen de la ley durante lo corrido del 2009...; mencionó 26 cruentos ataques guerrilleros ocurridos en el Cauca durante el presente año, que incluyen masacres, explosiones y destrucción en la Vía Panamericana, asesinatos a la Fuerza Pública y la muerte de un concejal”. (Véase http://www.josedariosalazar.com).

2. Es obvio que la Fuerza Pública no puede retirarse del Cauca y que el control territorial lo ejerza la autoridad indígena. La gran contrapartida, sin embargo, está en darle una voltereta a la, hasta ahora, casi nula capacidad de ejecución de Prosperidad Social y sus brazos, y las demás agencias públicas relacionadas. Las comunidades no sólo están exhaustas de estar en el “sándwich” armado, sino descorazonadas ante las promesas incumplidas de inversión social.

El coraje del presidente radica aquí en plantarse ante su propia tecnocracia que no ha tenido la habilidad de ejecutar con rapidez y pertinencia, a pesar de que los recursos existen. Victorias tempranas, palpables, serán las que permitan que Santos gane legitimidad ante las comunidades.

Si Santos tiene garra, que la muestre. De lo contrario nos esperan años de mayor polarización, el mayor inconveniente para que una sociedad como la colombiana enfrente retos sólo superables en forma solidaria.

 

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