Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

La Gloria de Granada

“La guerra la perdemos todos. Ayudemos todos a construir un proceso de paz”, versa un cartel en la puerta de la catedral de Granada, Antioquia. Con traje de cola y velo, Beatriz es la mujer que ingresa a ese templo, en una imagen —icónica— tomada después de una toma guerrillera. La novia es “la foto más surreal que he tomado en mi carrera”, dice Jesús Abad Colorado.

El 7 de diciembre de 2000, alrededor de 600 guerrilleros de las Farc activaron un carro bomba en el comando de Policía de Granada: 19 muertos, 21 heridos. Los 23 policías del pueblo resistieron la toma durante más de 20 horas, la presencia del Ejército Nacional se había desvanecido tres meses atrás.

En octubre de 2017, el Tribunal Administrativo de Antioquia condenó a la Nación por omisión ante esa incursión.

La población civil de Granada padecía constantes hostigamientos, disputas en las que también participaban el frente Carlos Alirio Buitrago del Eln y las Autodefensas Unidas de Colombia. A mediados de los 90, ese municipio del oriente antioqueño contaba con 18.000 habitantes; en 2002, 3.000. Hoy, 14.000.

En Granada nació hace 42 años Gloria Elsy Ramírez, representante de Asovida (Asociación de Víctimas Unidas de Granada) y Tejipaz (Tejiendo Territorio para la Paz), ganadora del premio Antioqueña de Oro 2019, categoría Sembradoras de Paz.

Hija de agricultores y madre de cinco hijos (entre 23 y 3 años), Gloria recuerda que desde su adolescencia se hablaba de la presencia de las Farc en las goteras del pueblo. A veces, le tocaba “hacerles mandados” a los guerrilleros, sus padres no tenían alternativa, no podían negarse ante las armas.

Por amor se mudó a Bogotá, donde fue vendedora ambulante y supo de la amargura de ser despojada de su mercancía. “He adorado a mi tierrita como nada en el mundo”: extrañaba su tierra, la calidez de los granadinos, su familia. En embarazo y con dos bebés, regresó a Granada. Las Farc ya eran el poder establecido: “Era un abandono total del Estado, nos sentíamos asfixiados por unos y otros”.

Un tío y un primo de Gloria cayeron en la masacre de la vereda San Matías.

Tras la firma de los Acuerdos, la esperanza se concentra en el agro. Granada cultiva desde café, caña, plátano, piña, mandarina, yuca y cacao hasta fríjol, papa, zanahoria y mora. El pueblo, que solía convertirse en plaza de mercado, ahora ve a sus tenderos abastecerse en el municipio de El Santuario.

La construcción de memoria (Salón del Nunca Más) y el respeto por el agricultor son las causas que lidera Gloria: “Los intermediarios se quedan con todo, le dejan al campesino la parte más dura que es el trabajo”.

Mujeres como “la novia” o la antioqueña de oro no se dejan abatir por el dolor, son la fuerza de la Colombia profunda, asomos de gloria en un país que mantiene sus ojos en el altiplano mientras su corazón sangra en la cordillera.

#UnLíderEnMiLugar

 

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