La gran alianza patriótica

Desde mi aislamiento político hace 30 años, y después de haber votado en dos ocasiones por el proceso de paz  (iniciado ya en 1982, pero truncado por las llamadas “fuerzas oscuras”, como las llamó Otto Morales Benítez, Alto Comisionado de Paz de entonces), creo oportuno referirme  a la actualidad política como un deber de simple ciudadano que ama a su patria y que se interesa por los temas que preocupan a sus compatriotas.

Los estudiosos de los  procesos de paz en el mundo, coinciden en la necesidad de llegar a concesiones recíprocas en la búsqueda de soluciones, y en aras de encontrar puntos conciliatorios sin sacrificios esenciales, ni menos morales.

Así sucedió en los 90 con el M-19, que eran igualmente terroristas (la toma del Palacio de Justicia) y, sin embargo, acertadamente el gobierno de Barco los reinsertó en la vida civil. Posteriormente Navarro Wolf fue nombrado ministro de Salud en el gobierno de Gaviria; y se eligió  la Constituyente del 91, que cerró deliberaciones con un cordial apretón de manos entre Alvaro Gómez Hurtado, Horacio Serpa y Navarro Wolf, como antecedente meritorio y ejemplarizante.

Sin coincidir con sus procedimientos, reconozco que el M-19  abrió así, con Barco, una válvula de escape al esquema bipartidista, en parte responsable de nuestras ancestrales dolencias, desde la época en que la contraindicada participación de la Iglesia católica  establecía favores y disfavores con perjuicio para su propio culto; situación similar a la de ahora, en que la multiplicidad de los credos induce y descalifica, mezclando abusivamente lo religioso con lo político, en perjuicio de la esencialidad de lo religioso.

Tener dirigentes incorruptibles como Sergio Fajardo, Claudia López, Jorge Enrique Robledo, Clara López, de la Calle, y otros, es muestra expresiva de que el país está indignado por la corruptela reinante. Y muestra de que se hace necesario un cambio, una gran alianza patriótica, sin distingos religiosos, ni de color político, que atraiga  a los millones de escépticos; al 35% que no saben por quién votar; a los sin partido, a los independientes; para no dejarse arrebatar los logros de la paz ya firmada, perfeccionable pero vigente.

Parte importante de la opinión pública, cansada de la polarización y la agresividad, quiere un rumbo diferente, ya que si el miedo a la paz con  las Farc cede, si la gente deja de creer en el falso dilema del castrochavismo, el país entrará a un escenario democrático distinto, con grandes posibilidades del avance político, económico y social.

Colombianos decentes, así es la mayoría! Sí: la Colombia que quiere prosperidad, honestidad, libertad, sin duda es mayoría, si se manifiesta con entusiasmo.

Por eso, porque está en juego el futuro de la nación entera, invito a votar por Humberto de la Calle en la consulta liberal abierta, este domingo, el más indicado entre muchos, tal como lo señaló el brillante columnista y economista liberal Carlos Caballero Argáez, en El Tiempo.

Exembajador en Australia y Nueva Zelanda

 

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