Por: Mauricio Botero Caicedo

La guerra del “comandante” Maduro

Walt Kelly, creador de la tira cómica Pogo, fue un caricaturista estadounidense que usó su viñeta como vehículo para expresar su punto de vista político, social, liberal y humanístico.

Kelly con frecuencia satirizaba la demagogia anticomunista del senador Joseph McCarthy y, de manera similar a Orwell en la Granja de animales, el comportamiento sectario y dogmático de los comunistas en la forma de animales: a Fidel Castro lo caricaturizaba como un macho cabrío fumador que no deja de recitar sandeces pseudomarxistas tales como: “La escasez se dividirá entre los campesinos”. Posiblemente la expresión más famosa de toda la obra de Kelly es cuando Pogo el marsupial intentaba declararle la guerra a la contaminación: “Hemos encontrado al enemigo y somos nosotros (We have met the enemy and he is us)”.

El anterior relato se trae a colación para ilustrar el reto que enfrenta el “comandante” Nicolás Maduro, presidente de la hermana República Bolivariana de Venezuela. A Maduro se lo tilda de “comandante” dado que ha tomado las riendas de un conflicto que él mismo denomina “la guerra de los imperialistas contra la economía bolivariana”. Maduro, que permanentemente amenaza a los empresarios de “radicalizar la revolución”, probablemente no tiene las capacidades bélicas de un Julio César o de un Napoleón. Sin embargo, una recua de áulicos y sapos, liderados por varios ministros de Relaciones y la cabeza de Unasur, aplauden las estrategias bélicas de este singular personaje.

El derrumbe del precio del petróleo ha hecho que los ingresos en divisas de Venezuela se desplomen de 70.000 millones de dólares al año a 35.000 mil. La respuesta del gobierno venezolano ha sido reducir la asignación de divisas al sector productivo, y sin divisas este sector ha sido incapaz de importar los bienes claves para su ciclo de producción, por ejemplo fertilizantes y repuestos de maquinaria, que son esenciales para la producción agropecuaria, especialmente para los granos y cereales. Mientras que el sector productivo esté paralizado, inexorablemente se va a agravar el desabastecimiento. La situación económica de Venezuela, a la que el semanario Economist acusa de tener la economía peor manejada del mundo, es grave. Este país se hunde en el fango y se encuentra próximo a una crisis alimentaria y social. Si no es por la respiración boca a boca que los chinos les dan a los chavistas, ya hace muchos meses Venezuela hubiera entrado en la insolvencia y la cesación de pagos.

Nicolás Maduro —hombre cuya cultura, lucidez y sagacidad admira el mundo entero—, al declararles la guerra a las “fuerzas oscuras” que atentan contra la economía venezolana, no ha tenido la capacidad de entender que la escasez, la corrupción, el desabastecimiento y la inflación no son causa del “imperialismo yanqui”, ni de la “oligarquía colombiana”. Los únicos responsables del desastre económico son los mismos chavistas. Es decir, si a Maduro y sus áulicos los iluminaran la razón y el sentido común, esta revelación les llevaría a compartir la misma deducción que tuvo Pogo cuando le declaró la guerra a la contaminación: “Hemos encontrado al enemigo y somos nosotros”. Mientras que Maduro mantenga los nefarios controles de cambio que sólo han alimentado la corrupción y enriquecido la “boliburguesía”, y mientras amenace la inversión extranjera y desincentive al sector productivo, no va a existir la menor posibilidad de que Venezuela salga de la crisis económica y social por la cual atraviesa.

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