Por: Christopher Hitchens

La guerra entre las guerras

SI HAY UN ELEMENTO DE CERTEZA moral y política que cimenta el consenso liberal, más que cualquier otra cosa, es el complaciente punto de vista de que mientras la guerra de Irak es una “guerra por elección”, solamente en Afganistán se libra una guerra de necesidad. La solidez ritual de este punto de vista es impresionante.

Sobrevive todos los argumentos y todas las evidencias. Exactamente el mes pasado, mientras los partidarios de la guerra santa emplazados en Irak comenzaron a retirarse e incluso (según algunos informes) a intentar reubicarse en Afganistán y Pakistán, todavía le parecía a ciertos comentaristas que esto demostraba que ningún soldado norteamericano debería haber sido enviado a Irak.

Este punto de vista simplista ignora, a nivel mínimo, los siguientes puntos:

1. Muchas de las fuerzas de al-Qaida muy notablemente el horrendo pero ahora fallecido Abu Musab al-Zarqawi se fueron hacia Irak tras haber sido expulsadas por la fuerza de Afganistán. Entonces, si uno no quería enfrentar a los simpatizantes de Osama bin Laden en la Mesopotamia, era seguramente un error invadir Afganistán en vez de Irak.

2. La presencia norteamericana en Afganistán no es para nada “unilateral”; está apoyada y armada y reforzada por nuestros aliados de la OTAN y de las Naciones Unidas. Por cierto, el comandante de las fuerzas anti-Talibán generalmente no es estadounidense. Aún en estas circunstancias, se experimentan más bajas estadounidenses y no solamente estadounidenses de las que se registran en Irak. Si esto es así, la razón no puede simplemente ser que nuestros recursos están siendo emplazados en otra parte.

3. Muchas de las más exitosas ofensivas contra los Talibán han sido llevadas a cabo por soldados estadounidenses previamente emplazados en Irak, en particular desde la provincia de Anbar. Pero estas victorias militares son el resultado de tácticas y estrategias de contrainsurgencia que se aprendieron en Irak y han sido aplicadas con éxito en Afganistán.

En otras palabras, cualquier intento por enfrentar las dos guerras, una en contra de la otra, no es nada más que un ejercicio de mentes estrechas. Y consideren las implicaciones. Parece que ahora la mayoría de las personas consideran errado mencionar a Saddam Hussein en relación a: a) las armas de destrucción masiva o b) el terrorismo patrocinado por el Estado. Yo no estoy de acuerdo.

Pero simplemente como un experimento, imaginemos que existió o apareció algún régimen que presentó esa combinación de amenazas. (En realidad, mi imaginación es tan febril que incluso puedo pensar en uno cuyo nombre también comienza con I). ¿Es posible señalar en público y por anticipado, que la alianza occidental no puede confrontar esa amenaza hasta que tenga bajo control a Afganistán? Es una falacia equivalente a decir que no se puede hacer nada en la región hasta que haya un arreglo en la disputa entre israelíes y palestinos.

Esto no solamente significa que cada granuja en la región puede arreglar su cronograma hasta que se arregle una de las riñas del mundo más antiguas e intratables. También significa que cualquier granuja tiene un incentivo para impedir que algún arreglo de ese tipo pueda ocurrir alguna vez. (Esa es por supuesto la razón por la cual Saddam brindó su apoyo a asesinos suicidas, tal como ahora lo están haciendo los iraníes).

También habría sido muy agradable aceptar otro corolario y creer que el problema de Afganistán es solamente un problema de escasez de tropas.

Extrañamente, este no es el punto de vista del gobierno de Afganistán o de ninguna de las fuerzas de la OTAN en el terreno. La continua y creciente insolencia de los Talibán y sus aliados de al-Qaida es la consecuencia de una sola cosa: estos


terroristas teocráticos saben que tienen un aliado confiable en los altos escalones del estado paquistaní y de su inteligencia militar. Mientras esta relación persista, tienen asegurada una región que atraviesa la frontera y un abastecimiento regular de armas y reclutas.

Así que la pregunta para el senador Barack Obama y sus ingenuos partidarios es esta: ¿Resolverán este problema quitando las fuerzas de Irak y emplazando en Afganistán un contingente mayor para patrullar una frontera cuando uno de nuestros principales “aliados” está continuamente comprometido en darles una puñalada por la espalda? (En un momento del año pasado, el propio Obama pareció aceptar la falta de lógica de su propia posición y habló sobre la posibilidad de seguir a los Talibán hasta Pakistán.

No hemos escuchado mucho de eso últimamente. ¿Quiso decir que teníamos suficientes tropas para ocupar tres países en lugar del uno estipulado y solitario? ¿O simplemente pensaba intercambiar Irak por Pakistán? Al menos sabemos con certeza que Pakistán tiene armas nucleares adquiridas principalmente a través de la piratería y es el anfitrión y patrón de los Talibán y de al-Qaida).

Y otra consideración se entromete por sí misma. Si es cierto, como un titular de primera plana de The New York Times indicó, que “Estados Unidos estudia acelerar el ritmo de retirada de Irak / Se cita una disminución de la violencia / Más tropas podrían ser destinadas a operaciones en Afganistán”, esto solamente puede ser así porque al-Qaida en Irak ha sido derrotado en el campo de batalla por nuestros soldados. Se trata de una derrota militar acompañada de una humillación política. Sus fanáticos han sido repudiados por la propia gente por la que ellos falsamente sostenían que estaban peleando.

Si hubiéramos dejado Irak de acuerdo con el cronograma de los enemigos de la guerra, la situación sería precisamente la contraria: el pueblo iraquí estaría ahora tiranizado por los sádicos de al-Qaida, que además podrían jactarse de haber infligido una derrota en el campo de batalla a Estados Unidos.

Me animo a decir que esa derrota se habría propagado con bastante rapidez en Afganistán, y por cierto a otros lugares donde opera el enemigo.

Es bueno tener eso en cuenta la próxima vez que el lector escuche esas simplezas sobre “la cacería del verdadero enemigo” o cualquier parloteo que sugiera que nosotros solamente podemos confrontar a nuestros enemigos en un lugar a la vez.

*Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido por sus puntos de vista disidentes, aguda ironía y agudeza intelectual. (Traducción de Mario Szichman).

c.2008 WPNI Slate

 

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