Por: Mario Fernando Prado

La guerrilla está cerca

LA CREACIÓN DEL BATALLÓN DE ALta montaña en las faldas de los Farallones de Cali fue una bendición no sólo para las goteras de esta ciudad, sino también para los alrededores de esta zona que estuvo por varios años a merced de los grupos armados.

Secuestros, extorsiones, desplazamientos, crímenes y un ambiente de zozobra permanente debieron soportar los habitantes de la región y Cali quedó prácticamente sitiada después de los plagios colectivos de Pance y el kilómetro 18.

El batallón, bautizado acertadamente Rodrigo Lloreda Caicedo en memoria de un grande de la democracia, recuperó este territorio y cortó el paso de la insurgencia hacia Buenaventura, retornando la paz a carreteras, viviendas y  pequeñas parcelas de las estribaciones de la cordillera.

Sin embargo hay serios indicios de que la guerrilla está volviendo a los Farallones, acercándose peligrosamente a la capital del Valle, a la vía a Buenaventura y a la región de Pance, La Buitrera y Dapa. Se sabe de presencia de milicianos estudiando el terreno y de guerrillos por los lados de Peñas Blancas y de Pichindé. O sea que el territorio recuperado con ingentes esfuerzos de la Fuerza Pública y grandes sacrificios de la población civil se está perdiendo poco a poco.

Se dice que el Ejercito “aflojó” y que ya no tiene la beligerancia de meses atrás. También se afirma que se llevaron buena parte de los soldados para atender la escalada subversiva del Cauca, en donde la situación está al rojo vivo, descuidándose la zona, que está ahora siendo reconquistada (!).

En todo caso, sea lo uno o sea lo otro, la verdad es que el Ministro de Defensa debe tomar cartas en el asunto y explicarle a la comunidad vallecaucana si es verdad que la guerrilla ha vuelto y si se llevó  los soldados y equipos que antes velaban por la seguridad de los Farallones y aledaños.

Recordemos que la subversión no se anda con cuentos y no está lejano el día en que vuelvan a dar sus  golpes, esta vez por un imperdonable descuido de las Fuerzas Armadas.

En tanto, la delincuencia en Cali es aterradora. El raponeo de celulares en plena calle, los robos en condominios y apartamentos, el boleteo a las casas de campo e incluso los retenes ilegales en zonas rurales tienen a la población amedrentada y víctima de la incertidumbre y el pánico.

 

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