Por: Hernán González Rodríguez

La Habana: ¿paz incierta?

Al cumplir un año de negociaciones inciertas, el guerrillero Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, máximo jefe de las Farc tras la muerte de Alfonso Cano, anunció recientemente la decisión de su grupo, consistente en revelar secretos sobre los acuerdos de paz de La Habana, con el fin de contener la ofensiva mediática del presidente Santos para demandarles resultados. “Que el país y el mundo conozcan la verdad” –afirmó.

Pocos días después, ofreció unilateralmente las Farc estar dispuestas a hacer una pausa en los diálogos mientras se llevan a cabo las elecciones. Y se declararon a la espera de la respuesta del Gobierno. 

Humberto De la Calle, jefe de la delegación del Gobierno en la mesa de diálogos, insistió en la necesidad de mantener la confidencialidad de los acuerdos, la cual se pactó en el punto cuarto de las reglas de funcionamiento y rechazó, así mismo, la idea de una pausa en las negociaciones. 

El presidente Santos anunció, entre tanto, un aumento de las acciones militares contra las Farc. No pocos analistas de lo anterior, consideran que tanto el presidente Santos como las Farc están enredados en La Habana. Complejo les resultará terminar, complejo pausar las negociaciones y complejo continuarlas por las razones a continuación. No se ven salidas fáciles. 

Firmar la paz el próximo 18 de noviembre, tal como ha solicitado el Presidente, exigirá  que le descubra al país unos acuerdos con concesiones osadas en favor de las Farc, como las salidas hacia la impunidad para los cabecillas, las cuales constituirán retos para la opinión y la justicia internacionales. Estas concesiones se convertirían en una herramienta formidable para quienes se oponen a la reelección de Santos.  E implicaría para las Farc, así mismo, alejar la posibilidad de reelegir uno de los pocos colombianos dispuestos a firmarles una paz incierta, con nubarrones castro-chavistas.  

Insisto, dichos acuerdos no serán bien recibidos por la justicia penal internacional, ni por algunos de los países consumidores de nuestras drogas ilícitas. Ahora bien, un rompimiento de los diálogos afectaría la imagen internacional de Santos tras haberse presentado como el pacificador sin par de Colombia. Fatal sería la continuidad de las negociaciones en un año electoral, en medio de un recrudecimiento de la guerra y con proselitismo armado. 

El presidente Santos insistirá en su reelección para no reconocer su fracaso y los gamonales de los partidos políticos tradicionales lo van a apoyar a pesar de que las bases de sus partidos ya no los apoyan.  A pesar de no admitir que haber dilapidado el unanimismo del partido de la Unidad Nacional tendrá su costo. Que a sus maquinarias podría faltarles combustible el año entrante para retomar las riendas del Estado.  

Por último, hasta un previsible receso de la economía y los grandes déficits que se avizoran en los presupuestos del Gobierno en 2014, podrían contribuir a enredar cualquier decisión que se tome con relación a la mesa de paz de La Habana. 

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