Por: Augusto Trujillo Muñoz

La hazaña del “Zipa”

A lo largo de su historia, Zipaquirá ha sido escenario de notables sucesos. En 1781, los comuneros firmaron las “Capitulaciones de Zipaquirá” que, como lo recuerda el maestro Antonio García, constituyeron el primer estatuto político de la Nueva Granada. En los albores de la Independencia, Pedro Fermín de Vargas mantuvo una tertulia conspiradora que hizo exclamar al expresidente Alberto Lleras una frase muy significativa: “Con la sal de Zipaquirá fue bautizada la República”. También allí nació el educador Santiago Pérez, quien llegó a ser presidente de Colombia.

En 1950 un joven de 22 años, nacido en Zipaquirá, se coronó campeón de la primera Vuelta a Colombia en bicicleta. Su nombre, Efraín Forero Triviño y su apodo, el indomable Zipa. Forero vive aún y fue protagonista de una hazaña que resulta precursora de la cumplida en París, casi 70 años después, por otro muchacho de Zipaquirá que también tiene 22 años. Cuando estaba a punto de ganar una etapa en el Tour de Francia, Egan Bernal tuvo que bajarse de la bicicleta. Razones telúricas obligaron a suspender la carrera, pero aun así se convirtió en el líder de la competencia.

Dos días después, a la vista del mundo, sobre un podio enmarcado por el honor y la gloria, Egan Bernal cantaba el himno nacional de su país, acompañado de la voz orgullosa de todos sus compatriotas. Como escribió Héctor Abad en El País de Madrid, para los colombianos es normal que haya invierno y verano el mismo día, o dolor y felicidad al mismo tiempo. Mientras se realizaba una marcha por la vida en las principales ciudades de Colombia, Bernal se aprestaba a obtener la más sonora victoria deportiva, para proyectar sobre su patria un mensaje de unidad y de optimismo.

Parecería que este joven Zipa tuviera consciencia de la falta que hace a los colombianos y, sobre todo, a su dirigencia un regalo de confianza en lo que Colombia significa como pueblo. ¿Cuándo entenderá el país político lo absurdo de este drama de confrontaciones? Con su triunfo, el nuevo campeón despeja su horizonte deportivo y ayuda a despejar muchas brumas en el horizonte de su patria. Su hazaña es producto del esfuerzo personal, pero también del respeto a unos valores como el trabajo y la familia.

Es mucho lo que puede hacer el deporte por la sociedad colombiana. Bernal no está solo. En el tenis, en el patinaje, en el atletismo, en el boxeo, en fin, hay otros campeones a quienes siguen muchos colombianos de bien, cuya formación les dice que para nadie es imposible llegar a su propia tierra prometida. Y menos cuando la sociedad se une, en medio de sus legítimas diferencias, para hacer brotar del tronco común flores de inclusión y no espinas de discordia.

Tras esta formidable hazaña del joven Zipa subyace una enseñanza que deben recoger dirigentes y ciudadanos. Así como sirve para producir la unión de todos en la alegría, debe generarla también para la convivencia. Tal vez fue el mismo Santiago Pérez quien pronunció una frase que me parece oportuna hoy, a pesar de —o tal vez por— sus visos dramáticos: “El odio es una incapacidad de los pueblos para ser grandes, pero también una incapacidad de los hombres para ser libres”. Este nuevo Zipa, modesto y grande, cree en unos valores que tienen capacidad para superar el odio.

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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