Por: María Elvira Bonilla

La herida maldita

HAN PASADO CUATRO AÑOS DESDE que desapareció el paramilitar Rodrigo Cadena de las bellas playas y polvorientas callejuelas de Rincón del Mar con sus 3.000 habitantes descendientes de indómitos negros cimarrones, localizado frente a las islas de San Bernardo, en San Onofre, Sucre. Cadena encarnó la peor crueldad y depravación a la que puede descender la condición humana.

Llenó fosas comunes con los cadáveres de centenas de humildes, de pescadores y campesinos, de muchachos sin oficio ni futuro. Cuerpos y vidas mancilladas, violadas.

Desde 1989 y hasta la desmovilización paramilitar en 2005, impuso su voluntad y su capricho protegido por autoridades corruptas y por políticos locales incorporados a su máquina de crimen, narcotráfico y horror. Fue el poder absoluto en la zona del Golfo de Morrosquillo, disponiendo de vidas y bienes. Se apoderaba de tierras y mujeres, desplazaba comunidades, ordenaba ejecuciones. Sus órdenes las impartía a la sombra de un viejo caucho localizado en los corrales de El Palmar, una de las fincas tomadas por él. Hasta allá obligaba a llegar a los rinconeños, cabizbajos y acobardados, a rendirle cuentas, por hechos inexistentes, nacidos por lo general de calumnias, chismes y bochinches de vecinos —el robo de una gallina, la infidelidad matrimonial…— que frecuentemente  terminaban en castigo o muerte. Buscaba atemorizar para reafirmar su mando indiscutible. Cadena consiguió sembrar el odio y el resentimiento en una comunidad que durante generaciones vivió unida, hasta por lazos de sangre.

Con el poder de las armas y los millones de la coca que salía a rodos por el Golfo,  controló y compró a policías, concejales y diputados, alcaldes y gobernadores y hasta congresistas. La justicia ha ido llegando y la terrible verdad empieza a descubrirse. Casi la totalidad del Concejo de San Onofre y la Asamblea de Sucre está detenida junto a los políticos a quienes reportaban: Álvaro García Romero, Salvador Arana, ex gobernador y ex embajador en Chile de Álvaro Uribe, el ex congresista Eric Morris y Muriel Benito Revollo, hermana del actual alcalde de San Onofre. Cadena desapareció en pleno proceso de Ralito pero están para responder por tanto salvajismo, sus jefes Eduard Cobos y Salvatore Mancuso.

Terminó la larga noche de terror, pero no llega la calma. La Policía no es la autoridad respetable que debía ser. La comunidad de Rincón del Mar quedó rota. Desorientada. Nadie habla. Ni se lamenta. Ni llora. Ni reclama tierras. Parecería que prefieren olvidar. Los niños perdieron su inocencia demasiado pronto. La deserción escolar es incontenible. Los embarazos adolescentes son la regla; el ron de los viejos lo reemplazó el whisky de los narcos y las tradicionales fiestas populares de bullerengue y cumbia son hoy remedos de reinados de belleza con borracheras colectivas en una atmósfera de chabacanería y vulgaridad, marcada por la triste herencia mafiosa de barbarie y primitivismo. Una realidad que no es exclusiva del Rincón del Mar y que se convirtió en un terrible sello de la Colombia del siglo XXI: centenares de pueblos arrasados por la avalancha nacida del funesto matrimonio de paramilitarismo y narcotráfico, que aún asfixia al país.

 

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