Por: Claudia Morales

La hipersexualización de las niñas

BÓTOX DESDE LOS OCHO, SPA PARA “embellecer a las pequeñas”, concursos entre niñas de cuatro años para elegir a la más bonita, sexo desde los doce, anorexia a partir de los diez.

¿Grave? Sí, demasiado. ¿Nos importa? No estoy segura. Hay preocupaciones individuales, pero creo que como sociedad estamos lejos de asumir una discusión profunda.

Tengo una hija de cinco años y medio, y lo que voy a plantear nada tiene que ver con moralismos falsos ni con doctrinas sobre cómo criar un hijo. Allá cada papá y mamá con sus formas de entender el mundo. Tampoco es una diatriba contra el sexo, que es justo sobre lo que debemos educar sin eufemismos, y ojalá con el buen ejemplo de una vida sexual plena y sana.

El asunto es que cada día encuentro más textos especializados sobre la hipersexualización de las niñas y siento que es una obligación llamar la atención acerca del fenómeno y sus consecuencias. Por mi hija, porque veo a lo que se enfrenta cuando sale de la casa, y porque temo, por desconocimiento o incluso con conocimiento de los riesgos, no ser capaz de darle los elementos que pesen cuando ella tome sus decisiones sobre la vida que elegirá tener, es que me he vuelto una activista del tema.

La hipersexualización es la sexualización de las expresiones y el comportamiento de las niñas, la ropa, los juguetes, los videojuegos y los objetivos de vida que terminan erotizando su infancia. Esto representa un peligro y es que aprenden desde muy chiquitas que el papel de la mujer es de objeto sexual, y asumen roles que no corresponden con su edad. Entonces venden el sostén con relleno, crean concursos de belleza infantil y competencias para ver cuál es la más flaca en menos tiempo, vemos niñas pintorreteadas y en cabinas de rayos UVA, les aplican bótox con el fin de hacerlas perfectas, o bueno, eso es lo que creen... y por ese camino las menores saltan de la infancia a la adultez y de paso multiplican un negocio multimillonario.

“Si es esporádico, excepcional, lúdico y controlado por adultos, no hay nada malo en que una niña se maquille. Lo malo es cuando la sociedad conspira contra la infancia y la pervierte por dinero”, dice en El Mundo de España Olga Carmona, psicóloga clínica y experta en psicopatología infantil-juvenil, y agrega: “Hay una fuerte presión social para quemar etapas; escolarizar cuanto antes, pasar rápido a sólidos, quitar los pañales, adelantar la adolescencia... Ése es un mal sentido de la autonomía. Si pasamos a la etapa siguiente sin quemar la anterior vamos a generar secuelas”.

Sumemos a esto las menores que desde los catorce años filman sus relaciones sexuales para ponerlas en redes y las que desde los doce están practicando sexo oral y anal. Una precipitación brutal en el sexo simplemente no les da herramientas a las niñas para decidir ni elegir, las vuelve vulnerables, crea trastornos alimenticios y distorsiona la belleza de la sexualidad. La psicóloga y sexóloga Soledad Muruaga, presidenta de Mujeres para la Salud, lo resume así: es “la virtud de las niñas con cuerpos sexualizados como éxito. Desde los cuatro o cinco años se adornan como mujeres erotizadas. Y acaban viendo como natural ser objetos sexuales”.

Creo firmemente que los papás y las mamás tenemos un papel fundamental en la manera como les ayudamos a nuestras hijas a definir sanamente su identidad femenina y especialmente a darles valor a sus capacidades mentales y espirituales. ¿Qué tal si las dejamos ser niñas?

 

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