Por: Daniel García-Peña

La historia del futuro

SI TODO SALE COMO ESTÁ PLANEA- do, hoy el Senado debe dar su aprobación a la muy esperada Ley de Víctimas. No es una ley perfecta y es cierto que le metieron algunos goles en el último tramo, que pueden dificultar su implementación. Sin embargo, es indudable que constituye un paso fundamental en el reconocimiento de las víctimas, de sus derechos, del despojo del cual fueron objeto y del deber del Estado de restituirlas y repararlas de manera integral.

El presidente Santos se jugó su pellejo al radicar personalmente el proyecto. Pero los verdaderos protagonistas centrales son las víctimas, cuyas voces, por primera vez en nuestra desmemoriada historia, se hicieron escuchar y sentir. Por ello, uno de los avances más significativos, dentro de las muchas cosas nuevas e importantes que incluye la ley, es lo referente a la memoria histórica.

Luego de largos debates, se estableció 1985 como la fecha a partir de la cual se define a las víctimas para efectos de la ley. Sin embargo, también deja claramente estipulado que las víctimas por hechos ocurridos antes de esa fecha “tienen derecho a la verdad, medidas de reparación simbólica y a las garantías de no repetición previstas en la presente ley”. Sin duda, la reparación económica y la restitución de bienes son fundamentales, en particular para las víctimas, pero no lo son todo. Para el país en su conjunto, la memoria histórica tiene un inmenso valor, indispensable para cualquier eventual proceso de reconciliación.

Por su misma definición, lo histórico no puede estar restringido por fechas, ya que se ocupa de antecedentes, causas, orígenes. Tampoco se trata de ir hacia la historia antigua ni de intentar procesar a los culpables por la conquista española. Pero sí hay ciertas fechas —como el 9 de abril— y procesos —como la Violencia con “V” mayúscula— que marcan nuestra historia reciente y tienen una relación indiscutible con las raíces del conflicto que, por degradado y narcotizado que se haya vuelto, aún padecemos. Si el país no está dispuesto a esclarecer, por ejemplo, el grado de responsabilidad estatal en el genocidio del movimiento gaitanista, ¿cómo se pretende abordar casos posteriores como el de la UP?

La memoria histórica no sólo sirve para entender el pasado sino, sobre todo, para construir futuro. Feliz coincidencia que la aprobación de la ley haya sido justo cuando la Comisión de Paz del Congreso abre el debate para discutir y consensuar un nuevo marco legal para la paz, en el cual hasta los más ortodoxos defensores del nuevo derecho internacional reconocen que una disminución del castigo se justifica con el aumento de verdad y reparación a las víctimas.

~~~

Pido disculpas a Eduardo Pizarro por la manera en la cual me referí a él en mi pasada columna. Confieso que me dejé llevar por la rabia que me da cuando creo ver a amigos, en el fondo demócratas, alimentando los argumentos del uribismo. Pero una cosa es que mantengamos diferencias políticas y realicemos debates intelectuales, y otra, muy diferente e inaceptable, es la descalificación personal en la cual lamento haber incurrido.

[email protected]: @danigarciapena

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel García-Peña

Bienvenido, AMLO

¡Cójales la caña a los estudiantes!

Muy mala idea

Ni sí, ni no, sino todo lo contrario

Algo está pasando en EE. UU.